Segundas oportunidades · Historia

La reclusa que defendió a una inocente descubrió un secreto del pasado

La reclusa que defendió a una inocente descubrió un secreto del pasado — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Cristina defendió a una indefensa compañera en el patio de la prisión, no imaginaba que ese acto de valentía desenterraría un doloroso secreto familiar.

El secreto de la media luna

Cristina ayudó a Sara a ponerse de pie y la guio rápidamente hacia la zona de las lavanderías, el único rincón del penal donde las cámaras no grababan de forma directa. La joven aún temblaba, con las lágrimas surcando sus mejillas sucias de polvo. Intentaba contener el llanto, temerosa de mostrar más debilidad ante el resto de las reclusas que aún observaban desde la distancia.

Mientras Sara se limpiaba la herida del codo, su camiseta gris de presidiaria se descolocó levemente. Fue en ese instante cuando un destello metálico llamó la atención de Cristina. De su cuello colgابة una cadena fina de plata con un dije muy particular: una media luna con una pequeña esmeralda incrustada en el centro. A Cristina se le heló la sangre. Aquella joya era idéntica a la que su hermana pequeña, Isabel, llevaba el día que desapareció sin dejar rastro hacía diez años.

La reclusa que defendió a una inocente descubrió un secreto del pasado
"¿De dónde has sacado ese colgante, Sara?", preguntó Cristina, con una mezcla de desesperación y asombro en su voz.
"Era de mi madre", susurró la joven, protegiendo la joya con su mano temblorosa. "Me lo dio antes de que se la llevaran. Me dijo que nunca me lo quitara, que era nuestra única protección."

La revelación cayó como una losa sobre Cristina. Isabel era demasiado joven para ser la madre de Sara, lo que significaba que la red de tráfico humano que se había llevado a su hermana seguía activa, y que Sara estaba directamente conectada con ella. Antes de que pudiera indagar más, el eco metálico de las alarmas de seguridad resonó por todo el patio. Los guardias irrumpieron en el sector, alertados por la pelea.

Begoña, aún en el suelo y asistida por dos enfermeros, señaló directamente a Cristina con un dedo acusador. Los oficiales de seguridad no dudaron. Sujetaron a Cristina por los brazos con brusquedad, arrastrándola hacia el temido bloque de aislamiento. Al pasar junto a Begoña, esta le dedicó una sonrisa cargada de veneno y susurró unas palabras que helaron su alma: "Sé quién es esa niña, Cristina. Y si dices una sola palabra, tus amigos de afuera se encargarán de que no vuelva a ver la luz del día."

Y si dices una sola palabra, tus amigos de afuera se encargarán de que no vuelva a ver la luz del día."