La traición de mi esposo en el hospital y el secreto que lo destruyó
El pasillo de las traiciones
El aire del Hospital Universitario de La Paz se sentía denso, impregnado del olor a desinfectante y de una tensión que amenazaba con romper los cristales. Aitana, vestida con una sencilla bata azul estampada, se encontraba de rodillas sobre las frías baldosas del pasillo de maternidad. El dolor de las contracciones la desgarraba por dentro, pero el dolor en su alma era aún más agudo. A pocos metros, su esposo Javier, impecable en su traje gris acero, la observaba con una indiferencia que helaba la sangre. No había compasión en sus ojos, solo la fría determinación de un hombre que ya había tomado una decisión irrevocable.
A su lado, Natalia, vestida con un llamativo vestido carmesí que contrastaba violentamente con la sobriedad del hospital, no ocultaba su desprecio. Ella no era solo la amante de Javier; era la mujer que venía a reclamar el territorio que Aitana aún ocupaba. Cegada por la rabia al ver que Aitana intentaba suplicar por el futuro de su hijo, Natalia se abalanzó sobre ella con el puño alzado, dispuesta a silenciarla por la fuerza.

¡Ya basta! ¡No vas a arruinar nuestros planes con tu patético drama!
El golpe parecía inevitable, pero antes de que Natalia pudiera tocar a la vulnerable mujer embarazada, el doctor Braulio intervino. Con la agilidad de quien ha visto toda clase de crisis, el veterano médico de obstetricia se interpuso entre ambas. Sus manos firmes bloquearon el impacto. Con un sonoro quejido de esfuerzo, el doctor Braulio forcejeó con la atacante y, aplicando la fuerza justa, la arrojó al suelo del pasillo, donde su vestido carmesí quedó desparramado.
Las enfermeras ahogaron gritos de asombro mientras el doctor Braulio se erguía como un escudo humano frente a Aitana, quien continuaba llorando desconsoladamente en el suelo, aferrándose a su vientre con la desesperación de una madre que presiente que lo peor está por venir.
”Con un sonoro quejido de esfuerzo, el doctor Braulio forcejeó con la atacante y, aplicando la fuerza justa, la arrojó al suelo del pasill…