Traición · Ficción breve

La traición de Sofía destruyó la entrevista de Mateo, pero el final lo cambió todo

La traición de Sofía destruyó la entrevista de Mateo, pero el final lo cambió todo — Parte 1
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La mañana en que todo se rompió

Me llamo Mateo y esa mañana me desperté con una mezcla de nervios y esperanza. Llevaba semanas preparando mi entrevista en San Diego, una oportunidad que podía duplicar mi salario y acercarme al sueño de comprarle una casa a mi madre, Elena. Ella había envejecido trabajando en casas ajenas, y yo quería darle un hogar propio, un lugar donde descansara por fin.

Sofía, mi esposa, estaba en la cocina cuando salí del baño. Me sonrió, pero había algo raro en sus ojos, una tensión que no supe descifrar. «¿Desayunas algo antes de irte?», me preguntó. Le dije que no, que tenía que revisar los documentos una vez más antes de conectarme a la videollamada con el reclutador.

La traición de Sofía destruyó la entrevista de Mateo, pero el final lo cambió todo

Pero cuando abrí mi correo, el mundo se detuvo. Un mensaje decía que mi participación en el proceso había sido cancelada. «Por solicitud del candidato», rezaba el texto. Yo no había enviado nada. Mi corazón empezó a latir tan fuerte que apenas podía pensar. Llamé al reclutador, pero no respondió. Entonces miré a Sofía, que seguía en la cocina, y algo en mi interior me dijo que ella sabía algo.

«¿Qué hiciste?», le pregunté con la voz temblorosa. Ella se dio la vuelta, y sus ojos se llenaron de lágrimas. «Me sentía sola», dijo, como si eso justificara todo. «No querías que te fueras tan lejos». Pero no era solo eso. Cuando el reclutador finalmente me devolvió la llamada, me dijo que alguien había solicitado eliminar mi candidatura por completo, no solo cancelar la entrevista. «¿Por qué alguien haría eso?», pregunté, y la respuesta me hizo mirar a Sofía con otros ojos.

Revisé su teléfono mientras ella lloraba en el sofá. Encontré mensajes con un hombre que firmaba como «Vargas», de Westbridge Logistics. Le había enviado fotos de mis documentos, detalles de mi preparación, hasta el horario de mis entrevistas. Y entonces vi el mensaje que me dejó helado: «Si cancelas la entrevista, puedo hablar con él después». Sofía admitió que había recibido quinientos dólares por ayudarlo. Pero cuando le pregunté quién era ese hombre, solo dijo: «No lo sé. Solo sé que me contactó por redes sociales y me ofreció dinero».

Me sentí traicionado, pero también confundido. ¿Por qué alguien pagaría para arruinar mi carrera? ¿Qué ganaba con eso? Sofía me suplicó que la perdonara, que había sido un error, que no pensó en las consecuencias. Pero yo no podía dejar de pensar en mi madre, en la casa que le prometí, en todo lo que había trabajado para llegar hasta ahí.

Decidí investigar por mi cuenta. Busqué a Westbridge Logistics en internet y descubrí que era una empresa fantasma, sin dirección física ni empleados registrados. Algo olía mal. Entonces recordé que Sofía había mencionado que el hombre le había pedido «información sobre mis proyectos actuales». No solo quería que cancelara la entrevista: quería saber en qué trabajaba, qué ideas tenía, qué podía ofrecer a otra empresa.

Esa noche, mientras Sofía dormía, revisé su teléfono de nuevo. Encontré una conversación archivada entre ella y mi madre, Elena. Hablaban de «el plan» y de «el dinero de la deuda». Mi sangre se congeló. ¿Mi madre estaba involucrada? No podía ser. Ella era la persona más honesta que conocía.

Al día siguiente, fui a verla. Vivía en un pequeño departamento al otro lado de la ciudad, y cuando abrió la puerta, noté que evitaba mi mirada. «Mateo, no debiste venir», dijo. Le enseñé los mensajes, le hablé de Vargas y de los quinientos dólares. Ella suspiró y se sentó en la cocina, con las manos temblorosas. «Hay cosas que no sabes», murmuró.

Pero antes de que pudiera explicarme, sonó mi teléfono. Era el reclutador de San Diego, con una voz distinta. «Mateo, necesito hablar contigo sobre algo que encontré en tu expediente», dijo. «Hay un informe que sugiere que has estado vendiendo información confidencial de tu empresa actual a la competencia». La tierra se abrió bajo mis pies.

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«Hay un informe que sugiere que has estado vendiendo información confidencial de tu empresa actual a la competencia». La tierra se abrió…