Traición · Historia

La traición en el altar que convirtió mi boda en una lucha por sobrevivir

La traición en el altar que convirtió mi boda en una lucha por sobrevivir — Parte 2
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Anteriormente: Valeria esperaba el día más feliz de su vida, pero un asalto armado en su boda reveló que el enemigo más peligroso no llevaba máscara, sino una alianza de bodas.

La máscara de la traición se desmorona

La adrenalina corría por las venas de Valeria, impidiéndole saborear la pequeña victoria. Con paso firme, se acercó al hombre derribado en el suelo y, de un tirón seco, le arrancó la máscara táctica. La respiración se le cortó al reconocer el rostro de Carlos, el jefe de seguridad de la empresa de Mateo. Aquella revelación golpeó a Valeria con más fuerza que cualquier impacto físico. Dirigió su mirada hacia Mateo, quien ya no parecía inconsciente, sino aterrorizado al ver que el plan se desmoronaba ante sus ojos.

Valeria unió los cabos sueltos en cuestión de segundos: las misteriosas deudas financieras de su prometido, el millonario seguro de vida que él insistió en firmar la víspera de la boda y la elección de aquel recóndito club de campo. Todo había sido minuciosamente planeado por Mateo para simular un trágico asalto, cobrar el seguro y librarse de sus ruinosas deudas a costa de su vida.

La traición en el altar que convirtió mi boda en una lucha por sobrevivir
«¿Cómo pudiste hacerme esto, Mateo?», preguntó Valeria con una voz gélida que cortaba el aire.

Mateo, arrastrándose por el suelo alfombrado, intentó balbucear una disculpa, pero sus cómplices no estaban dispuestos a rendirse. Uno de los hombres de negro que aún quedaba en pie extrajo un arma corta de su chaleco y apuntó directamente al pecho de la novia. Valeria miró a su esposo buscando un ápice de humanidad, pero en los ojos de Mateo solo vio una fría codicia. Él deseaba que el gatillo fuera presionado. El mercenario no vaciló y apretó el disparador, buscando silenciar a la única testigo que podía arruinar su millonario fraude.

El mercenario no vaciló y apretó el disparador, buscando silenciar a la única testigo que podía arruinar su millonario fraude.