Secretos de familia · Ficción breve

La traición en la mansión familiar que casi le cuesta la vida a mi abuela

La traición en la mansión familiar que casi le cuesta la vida a mi abuela — Parte 2
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Anteriormente: Un ramo de lirios blancos, una agresión brutal y un secreto familiar guardado bajo llave. Tomás regresa a casa para descubrir que su prometida ha cruzado todos los límites por ambición.

La máscara de la traición

Adriana se incorporó lentamente sobre el mármol, limpiándose un hilo de sangre carmesí que corría por la comisura de sus labios. Su mirada ya no albergaba rastro alguno de la dulce mujer de la que Tomás se había enamorado; solo quedaba el frío desdén de una calculadora implacable. En su mano derecha, arrugado pero intacto, sostenía el documento de cesión de bienes que pretendía obligar a firmar a Leonor.

¿De verdad creías que me importabas tú, Tomás? Solo eres el peón necesario para acceder a la fortuna que esta vieja tacaña se niega a soltar.

Antes de que Tomás pudiera asimilar la magnitud de la traición, el pesado portón trasero de la mansión se abrió con un chirrido metálico. De las sombras del corredor emergió una figura alta y familiar que hizo que a Tomás se le helara la sangre en las venas. Era Mateo, su hermano mayor, quien supuestamente se encontraba exiliado en América tras haber intentado desfalcar las empresas familiares años atrás. Mateo vestía un traje impecable y sostenía una carpeta de cuero con una sonrisa de absoluta suficiencia.

La traición en la mansión familiar que casi le cuesta la vida a mi abuela

La conspiración cobró sentido en un instante trágico. No había sido el azar lo que unió a Adriana y a Tomás en Madrid; todo había sido un plan maestro diseñado por Mateo desde las sombras para apoderarse del patrimonio de los Leonor. El hermano mayor se acercó con pasos lentos y calculados, ignorando los gemidos de dolor de la anciana que aún se aferraba a las piernas de su nieto.

Has sido un estorbo útil, hermanito. Pero el juego ha terminado. La abuela va a firmar esta sesión voluntaria de derechos, o me encargaré personalmente de que tu prometedora carrera sufra un accidente del que nunca te recuperarás.

Mateo hizo una señal hacia la entrada, y dos hombres corpulentos de aspecto amenazante bloquearon la única salida del vestíbulo. Tomás se vio acorralado, protegiendo a su abuela herida con su propio cuerpo, mientras los dos seres en quienes más había confiado en su vida lo miraban con la frialdad de quienes ya celebraban su victoria.

Tomás se vio acorralado, protegiendo a su abuela herida con su propio cuerpo, mientras los dos seres en quienes más había confiado en su…