La traición familiar que descubrí tras las rejas de una prisión implacable
Anteriormente: Elena sobrevive al ataque de la reclusa más peligrosa de la cárcel, solo para descubrir una terrible verdad: la persona que planeó su ruina comparte su propia sangre.
Una verdad oculta en las sombras
Sara rechazó mi mano con desprecio, se levantó limpiándose la tierra y se retiró sin decir una palabra. El silencio que dejó atrás era el preludio de una tormenta que no tardaría en estallar. Esa misma noche, el sonido metálico de los cerrojos dio paso al silencio absoluto de las celdas. Yo no podía dormir; la tensión seguía corriendo por mis venas. De repente, la puerta de mi celda se abrió con un leve chirrido. No era un funcionario de prisiones. Era Sara.
Su expresión agresiva había desaparecido por completo, reemplazada por una mueca de terror absoluto. Se sentó en el borde de mi litera, temblando bajo la tenue luz de la luna que se filtraba por los barrotes del calabozo.

—No quería hacerte daño, Elena —susurró con la voz rota—. Me obligaron a buscarte pelea. Si no te destruía hoy, mi hermana pequeña pagará las consecuencias fuera de estos muros.
Mis ojos se abrieron de par en par. Sara sacó un papel arrugado del bolsillo de su pantalón y me lo entregó con manos temblorosas. Al desdoblarlo, reconocí de inmediato la caligrafía elegante y fría de la persona que me había enviado a prisión. No era mi exjefe, ni un socio codicioso. Era Javier, mi propio hermano.
El mensaje era claro y despiadado: Sara debía encargarse de que yo sufriera un «accidente» definitivo antes del juicio de apelación, o su familia sufriría las consecuencias de una supuesta deuda. Javier me había tendido una trampa para quedarse con la herencia familiar, y ahora pretendía silenciarme para siempre desde el exterior, utilizando a las propias reclusas como verdugos.
Justo cuando el pánico amenazaba con paralizarme, el eco de unos pasos pesados comenzó a resonar al final del pasillo. Era Ortega, el guardia corrupto que controlaba el pabellón nocturno y que respondía a los intereses de mi hermano. Si nos encontraba juntas, el plan de Javier se ejecutaría esa misma noche de forma implacable.
”Si nos encontraba juntas, el plan de Javier se ejecutaría esa misma noche de forma implacable.