Traición · Ficción breve

La traición que me llevó a prisión casi me cuesta la vida tras las rejas

La traición que me llevó a prisión casi me cuesta la vida tras las rejas — Parte 2
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Anteriormente: Tras ser traicionada por su propia hermana y enviada a prisión por un crimen que no cometió, Sara debe luchar por sobrevivir cuando una reclusa la ataca bajo órdenes misteriosas.

Una verdad que quema

Sara se mantuvo firme, jadeando levemente, observando a su oponente derrotada. El patio guardó un silencio sepulcral; nadie esperaba que la recién llegada derribara a una de las mujeres más temidas del módulo en cuestión de segundos. Begoña se retorcía en el suelo, sujetándose las costillas con una mueca de agonía. Sara dio un paso atrás, dispuesta a retirarse antes de que las patrullas de vigilancia intervinieran, pero un susurro ronco la detuvo.

—Espera... —consiguió decir Begoña, escupiendo un hilo de sangre—. No ha sido nada personal, rubia. Me pagaron por esto.

Sara se congeló. Las palabras de la reclusa cayeron sobre ella como agua helada. Se agachó rápidamente para quedar a la altura de Begoña, agarrándola del cuello de la camiseta con urgencia.

La traición que me llevó a prisión casi me cuesta la vida tras las rejas
—¿Quién te ha pagado? Habla antes de que vengan los guardias —le exigió Sara con un hilo de voz tenso.
—Una mujer de fuera... me contactó a través de mi hermano —jadeó Begoña, con los ojos empañados por el dolor—. Me dio la mitad por adelantado para que te mandara al hospital de por vida. Se llama Lucía. Dijo que eras un cabo suelto que debía desaparecer.

El mundo pareció detenerse para Sara. La traición de su hermana no se limitaba a dejarla pudrirse en prisión; ahora Lucía quería su silencio definitivo para disfrutar de la fortuna robada sin remordimientos ni amenazas. El dolor de la decepción se transformó instantáneamente en una ira fría y calculadora. No podía permitirse derrumbarse ahora.

En ese instante, el sonido estridente de las alarmas del patio comenzó a resonar por los altavoces. Dos guardias de prisiones, armados con porras defensivas, corrían hacia ellas desde la torre de control. En la cárcel, participar en una pelea significaba el traslado inmediato a las celdas de aislamiento, un lugar oscuro donde Sara estaría completamente desprotegida y a merced de cualquier otro encargo de su hermana. Necesitaba una aliada, y la necesitaba ya.

Necesitaba una aliada, y la necesitaba ya.