Humilló a la mujer de la limpieza sin saber que era la tiradora más peligrosa
Anteriormente: Vicente pensó que Claudia era solo una simple empleada de limpieza. Sin embargo, un solo disparo certero demostró que ella escondía un pasado legendario dispuesto a destruir su imperio.
La oficina de los secretos
El silencio sepulcral que siguió al disparo se rompió cuando Vicente, pálido y con la mandíbula tensa, tomó a Claudia del brazo y la arrastró hacia las oficinas principales. El murmullo de la multitud crecía a sus espaldas, pero a él solo le importaba ocultar el temblor de sus manos. Al entrar en el despacho que alguna vez perteneció al padre de Claudia, Vicente cerró la puerta con llave y se giró, furioso.
—¿Qué demonios te crees que eres para ponerme en evidencia de esa manera? —siseó Vicente, tratando de recuperar su postura de poder—. Eres una simple empleada. Puedo despedirte ahora mismo y arrojarte a la calle sin un solo céntimo.
Claudia se limitó a sonreír con desdén. Caminó hacia el gran ventanal que daba a los campos de tiro y se cruzó de brazos, mostrando una calma que desquiciaba a su oponente.

—Puedes despedirme, Vicente, pero la prensa ya tiene el video de mi disparo. Los patrocinadores se preguntarán por qué la humilde limpiadora de tu club tiene mejor puntería que cualquiera de tus atletas patrocinados —respondió ella con voz pausada—. Y lo que es peor para ti: recordarán quién era mi padre.
Vicente apretó los puños. Sabía que la reputación de la academia pendía de un hilo. Si se descubría que había estafado al legítimo dueño y que su hija seguía allí, el escándalo destruiría su imperio. Desesperado, decidió jugar su última carta. Se acercó a su caja de seguridad, extrajo un documento y lo colocó sobre la mesa.
—Hagamos un trato, Claudia —propuso con una sonrisa maliciosa—. Mañana se celebra el torneo regional. Si compites contra mi campeón y ganas, te devolveré las escrituras de este lugar y retiraré todos los cargos de supuesta deuda que pesan sobre tu padre. Pero si pierdes, firmarás una confesión admitiendo que intentaste extorsionarme y pasarás años en prisión.
Claudia miró el papel. Sabía que el campeón de Vicente era un hombre sin escrúpulos que utilizaba munición modificada y trampas psicológicas para desestabilizar a sus rivales. Era una apuesta sumamente peligrosa, pero era la única oportunidad de recuperar el legado de su familia y salvar la vida de su padre.
”Era una apuesta sumamente peligrosa, pero era la única oportunidad de recuperar el legado de su familia y salvar la vida de su padre.