Traición · Historia

Me encerraron por un crimen ajeno y ahora intentan silenciarme tras las rejas

Me encerraron por un crimen ajeno y ahora intentan silenciarme tras las rejas — Parte 2
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Anteriormente: Mónica pensó que sobrevivir en prisión sería su único desafío, pero cuando la reclusa más peligrosa la ataca, descubre una conspiración que involucra a su propia familia.

Una conspiración entre las sombras

El altercado en el patio no quedaría impune, y Mónica lo sabía perfectamente. Esa misma noche, cuando el silencio sepulcral se apoderó de las galerías, la puerta de su celda se abrió de golpe. Dos funcionarias de prisiones de mirada severa y sospechosamente silenciosas la escoltaron sin mediar palabra hasta las duchas del ala oeste, una zona ciega para las cámaras de seguridad. Allí, esperándola bajo la mortecina luz fluorescente, no solo estaba Carla con una expresión de pura humillación contenida, sino también la subdirectora del centro penal, Doña Leonor.

Mónica comprendió de inmediato que la agresión del patio no había sido un simple arrebato de poder carcelario; era un encargo. Doña Leonor holding un teléfono móvil de alta gama con una videollamada activa. Al acercar la pantalla, Mónica sintió un vuelco en el estómago al reconocer los rostros que aparecían en ella: Alberto, su exmarido, y Valeria, su propia hermana melliza.

Me encerraron por un crimen ajeno y ahora intentan silenciarme tras las rejas
—Vaya, Mónica, sigues siendo tan dura de pelar como siempre —dijo Alberto desde la comodidad de su lujoso despacho, con una sonrisa cínica que denotaba una total impunidad—. Pero debes entender que tu resistencia solo está prolongando lo inevitable.

Valeria se asomó a la pantalla, sosteniendo un fajo de documentos legales que Mónica conocía demasiado bien: la renuncia voluntaria a todas las acciones de la naviera familiar y la transferencia de sus cuentas en el extranjero.

—Firma los papeles de cesión que te entregará la subdirectora, hermana —siseó Valeria con una frialdad que helaba la sangre—. Si lo haces, garantizaremos que cumplas el resto de tu condena sin más "accidentes" en el patio. De lo contrario, Carla se encargará de que no salgas viva de aquí.

Mónica miró a Carla, quien acariciaba con descaro un punzón de fabricación casera. La trampa era perfecta. Su propia familia la había incriminado para arrebatarle su herencia, y ahora utilizaban el poder corrupto de la prisión para silenciarla definitivamente.

Su propia familia la había incriminado para arrebatarle su herencia, y ahora utilizaban el poder corrupto de la prisión para silenciarla…