La viuda rechazó al niño en el funeral sin saber quién era realmente
Anteriormente: Cuando el pequeño Mateo apareció en el funeral de Alejandro afirmando que debía quedarse con Elena, la viuda lo rechazó con frialdad. Pero una carta oculta en el ataúd cambiaría sus vidas para siempre.
El testamento de la traición
Mendoza tomó a Elena del brazo con firmeza, alejándola unos pasos del ataúd y del desconcertado niño, que permanecía inmóvil bajo la mirada curiosa de los pocos dolientes que quedaban. Elena, temblando de rabia contenida, intentó soltarse de su agarre.
—¿Qué significa esto, Mendoza? —siseó ella entre dientes—. Saca a ese huérfano de aquí antes de que llame a seguridad. No permitiré que arruinen el funeral de Alejandro.

—Elena, cállate y escucha —interrumpió el abogado con una seriedad que la heló por completo—. Ese niño se llama Mateo. Y no es ningún huérfano de la calle. Es el hijo de Alejandro.
Las palabras cayeron sobre Elena como un balde de agua helada. Miró al niño por encima del hombro del abogado y, por primera vez, vio los rasgos inconfundibles de su difunto esposo en la forma de sus ojos y su barbilla. La traición se materializó ante ella en un instante de dolor agudo.
—Eso no puede ser... Alejandro y yo nunca pudimos tener hijos, él jamás me habría ocultado algo tan grave —balbuceó Elena, sintiendo que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—Hay más, Elena. Alejandro sabía que su salud empeoraba y preparó un testamento cerrado hace un mes —continuó Mendoza, entregándole un sobre con el sello notarial—. Mateo es el heredero universal de todos los bienes, la empresa y las cuentas bancarias. Alejandro quería asegurarse de que su hijo fuera protegido.
—¡Eso es una locura! ¿Y yo qué? ¡He dedicado mi vida entera a ese hombre! —exclamó Elena, al borde de las lágrimas de rabia.
—Para que puedas conservar la mansión y recibir tu asignación mensual, la ley exige que aceptes la custodia legal de Mateo hoy mismo —sentenció el abogado—. Si lo rechazas y lo envías a un orfanato, el fideicomiso se cerrará y perderás absolutamente todo antes del atardecer. Quedarás en la calle, Elena.
La viuda miró al pequeño Mateo, que la observaba con inocencia y temor. Estaba atrapada entre el orgullo herido de una esposa traicionada y la inminente ruina absoluta.
”Estaba atrapada entre el orgullo herido de una esposa traicionada y la inminente ruina absoluta.