Me arrebataron la libertad para ocultar su traición, pero una llamada cambió mi destino
Anteriormente: Sara soportaba el infierno de la prisión por un crimen que no cometió, pero cuando una fría guardiana intentó apagar su única conexión con el exterior, todo estalló.
El precio de la justicia
Begoña ordenó el traslado inmediato de Sara al módulo de aislamiento de máxima seguridad, ignorando las airadas protestas del abogado Mendoza. Sin embargo, el viejo letrado no había venido desarmado. Con una calma imperturbable, Mendoza extrajo un documento sellado con el logotipo del Tribunal Superior de Justicia y lo deslizó sobre la mesa del director, quien acababa de entrar apresuradamente.
—Un momento, oficial —intervino Mendoza con firmeza—. Aquí tengo una orden judicial de excarcelación inmediata bajo fianza extraordinaria, firmada por un juez federal de guardia hace menos de una hora. La falsificación de firmas ha sido demostrada pericialmente gracias a una copia de seguridad que guardaba mi bufete. Si ponen un solo dedo sobre mi clienta, enfrentarán cargos federales por obstrucción a la justicia y complicidad en fraude.
El director de la prisión palideció al revisar los sellos oficiales del documento. Ante la furia impotente de Begoña, el director ordenó retirar las esposas de Sara de inmediato. Libre por primera vez en dos largos años, Sara no perdió un solo segundo. Salió de la prisión a toda velocidad en el coche de Mendoza, con el tiempo corriendo en su contra para detener la firma final en la notaría.

Llegaron al despacho del notario justo cuando Sofía sostenía la pluma estilográfica sobre el documento de venta. Al ver aparecer a Sara, pálida, vestida con ropa deportiva barata pero con una determinación inquebrantable en la mirada, el rostro de Sofía se desfiguró por el pánico. La policía, alertada previamente por Mendoza, entró inmediatamente después para proceder con el arresto de Sofía por fraude masivo, falsificación documental e intento de homicidio indirecto.
Dos horas más tarde, en la habitación del hospital, Sara sostenía la mano cálida de su madre, cuyo estado de salud comenzó a estabilizarse al ver a su hija libre y limpia de toda sospecha. La justicia tarda en llegar y el camino suele estar pavimentado de traiciones dolorosas, pero la verdad posee una fuerza natural que ningún muro de hormigón ni ninguna red de corrupción pueden contener para siempre.


