Me culparon de un crimen familiar y ahora la prisión es mi único refugio
Anteriormente: Clara aceptó ir a prisión para proteger a su familia, pero una emboscada en el comedor revela que la traición de su esposo era mucho más profunda de lo que imaginaba.
El precio de una traición
La victoria en el comedor le otorgó a Clara un respeto temporal, pero también destapó una conspiración mortal. Mientras los guardias se llevaban a una convaleciente Marta a la enfermería, la robusta presa logró susurrarle unas palabras que helaron la sangre de Clara: «Alejandro me pagó para que no salgas viva de aquí». Aquella frase lo cambió todo. Clara no estaba allí por un simple error judicial; estaba allí porque su esposo la quería muerta.
Hacía dos años, Clara se había casado con Alejandro, un carismático empresario que resultó ser un estafador experto. Cuando las autoridades comenzaron a investigar sus negocios fraudulentos, Alejandro manipuló a Clara para que asumiera la culpa, prometiéndole que sus abogados la liberarían en pocas semanas. Ciega de amor, ella aceptó el sacrificio. Pero las promesas se desvanecieron tan pronto como las rejas se cerraron detrás de ella.

La traición cobró un tinte aún más oscuro cuando Clara recibió una carta clandestina de una vieja amiga del exterior. Alejandro no solo la había abandonado, sino que estaba a punto de contraer matrimonio con Sofía, la hermana menor de Clara. El retorcido plan de Alejandro era perfecto: si Clara moría en prisión, la inmensa fortuna de la herencia familiar pasaría legalmente a manos de Sofía, y por lo tanto, bajo el control absoluto de Alejandro.
Sentada en su celda bajo la tenue luz de la luna, Clara apretó los puños. La tristeza que la había acompañado durante meses se transformó en una ira fría y calculadora. Alejandro pensaba que la había destruido, pero desconocía que ella guardaba un último as bajo la manga: un dispositivo de memoria oculto fuera de la prisión con todas las pruebas que incriminaban directamente a Alejandro en el lavado de dinero de la mafia local.
”Alejandro pensaba que la había destruido, pero desconocía que ella guardaba un último as bajo la manga: un dispositivo de memoria oculto…