Me culparon injustamente y en la cárcel tuve que luchar para limpiar mi nombre
Anteriormente: Sara no pertenecía a ese patio de prisión frío y hostil, pero cuando Begoña intentó doblegarla a golpes, entendió que para demostrar su inocencia primero tendría que aprender a sobrevivir.
La conspiración en las sombras
La victoria en el patio le otorgó a Sara un respeto temporal, pero también aceleró los planes de quienes deseaban verla muerta. Esa misma noche, el silencio habitual del módulo de celdas fue interrumpido por un sutil chasquido metálico. Alguien con acceso a las llaves maestras abrió la puerta de su celda. Dos figuras corpulentas se abalanzaron sobre ella en la oscuridad, inmovilizándola contra el colchón húmedo.
Una voz fría y áspera le susurró al oído con una crueldad que le heló la sangre:

Tu hermana Lucía ha subido la recompensa, Sara. Esta noche es tu última noche aquí dentro.
El filo helado de una navaja presionó su garganta. En ese instante de pánico absoluto, Sara comprendió la magnitud de la traición. Lucía, su propia hermana, no solo la había incriminado en el desfalco millonario de la empresa familiar para quedarse con toda la herencia de su padrastro, sino que ahora pagaba a sicarios dentro de la prisión para silenciarla para siempre.
De repente, las alarmas del recinto comenzaron a sonar con un estruendo ensordecedor. Las luces rojas de emergencia empezaron a parpadear en el pasillo. Por los altavoces, la voz del jefe de servicios ordenaba un cierre de emergencia inmediato debido a un altercado en la entrada principal.
Lejos de asustarse, el agresor que sostenía la navaja apretó el filo contra la piel de Sara, provocándole un leve corte que comenzó a sangrar.
A nosotros nos pagan por terminar el trabajo, no por seguir las reglas de los guardias.
Sara, sintiendo la adrenalina correr por sus venas, reunió todas las fuerzas que le quedaban. Utilizando las técnicas de defensa que había practicado en secreto, logró liberar un brazo y golpeó con fuerza la nariz de su captor. El hombre rugió de dolor y soltó la navaja por un segundo, lo que permitió a Sara rodar por el suelo de la celda buscando una salida desesperada mientras la puerta principal era golpeada desde el exterior.
”El hombre rugió de dolor y soltó la navaja por un segundo, lo que permitió a Sara rodar por el suelo de la celda buscando una salida dese…