Me dejó sin nada por mi hermana, pero un extraño destruyó su plan cruel
Anteriormente: Valeria pensó que su vida había terminado cuando su esposo la abandonó en una cafetería para quedarse con su hermana. Sin embargo, un testigo inesperado en la mesa de al lado cambiaría las reglas del juego para siempre.
La aparición de un aliado inesperado
Mientras Valeria se ahogaba en sus propias lágrimas, un hombre de mediana edad y aspecto distinguido que se encontraba en la mesa contigua se levantó en silencio. Llevaba un traje hecho a medida y sostenía un maletín de cuero oscuro. Se acercó despacio a la mesa de Valeria, mostrando un respeto absoluto.
—Disculpe la indiscreción, señorita —dijo el hombre con una voz serena pero firme—. Mi nombre es Alejandro Montenegro. No he podido evitar escuchar la conversación. Lo que ese hombre acaba de hacer no solo es moralmente aborrecible, sino que carece de toda base legal.

Valeria levantó la mirada, limpiándose las lágrimas con torpeza. Alejandro no era un desconocido cualquiera; su nombre figuraba en los bufetes de abogados más importantes del país. Él le explicó que había sido un gran amigo de su difunto padre y que no pensaba permitir que la hija de un hombre tan noble fuera despojada de su herencia por un manipulador.
Antes de que Valeria pudiera asimilar la situación, la puerta de la cafetería se abrió con un violento tintineo. Diego había regresado, pero esta vez no estaba solo. Lo acompañaba Martínez, un abogado de dudosa reputación conocido por sus tácticas agresivas y poco éticas.
—Veo que sigues perdiendo el tiempo, Valeria —dijo Diego con desprecio—. Firma el papel de una vez si no quieres que mañana mismo la policía te saque a la fuerza de la casa de tus padres. Mi abogado ya tiene todo listo.
Martínez dio un paso al frente, golpeando la mesa con un bolígrafo. Sin embargo, su actitud arrogante se desvaneció al instante en que sus ojos se cruzaron con los de Alejandro. El abogado de Diego palideció, y un sudor frío comenzó a correr por su frente al reconocer al gigante de las leyes que tenía delante.
”El abogado de Diego palideció, y un sudor frío comenzó a correr por su frente al reconocer al gigante de las leyes que tenía delante.