Traición · Ficción breve

Me encerraron por un crimen que no cometí, pero la prisión me enseñó a defenderme

Me encerraron por un crimen que no cometí, pero la prisión me enseñó a defenderme — Parte 2
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Anteriormente: Sara pensó que lo había perdido todo cuando fue traicionada por su propia socia. Sin embargo, en el pabellón de máxima seguridad de la prisión, descubrió que su verdadera lucha por la justicia apenas comenzaba.

La sombra de la traición

La victoria en el comedor duró poco. Esa misma noche, cuando el silencio se apoderó de las galerías de la prisión, el cerrojo de la celda de Sara se abrió con un crujido metálico. No era hora de recuento. De la oscuridad emergió la figura de uno de los guardias nocturnos, pero su mirada no reflejaba autoridad, sino una codicia fría. En su mano sostenía una nota doblada que arrojó sobre el colchón de Sara.

Al abrirla, el corazón de Sara se detuvo. Reconoció de inmediato la caligrafía de Carlos, su esposo. La nota decía: "Entrega las claves de la cuenta de Suiza o no saldrás viva de Soto del Real". En ese instante de lucidez dolorosa, todas las piezas del rompecabezas encajaron. No había sido un error judicial; Carlos y su hermana habían planeado su encarcelamiento para apoderarse de la herencia familiar y ahora querían eliminarla para no dejar cabos sueltos.

Me encerraron por un crimen que no cometí, pero la prisión me enseñó a defenderme

El guardia corrupto sacó un objeto punzante de su cinturón. Sara se arrinconó contra la pared, sabiendo que gritar sería inútil en un pabellón controlado por el dinero de su exmarido. Sin embargo, antes de que el agresor pudiera dar un paso más, una figura corpulenta apareció en el umbral de la celda abierta. Era Begoña.

—En mi pabellón no se permiten trabajos sucios de fuera, oficial —dijo Begoña con una voz ronca que rompió la tensión de la noche.

La veterana reclusa, que valoraba el valor por encima de todo, no iba a permitir que una reclusa que la había vencido limpiamente fuera asesinada por un guardia comprado. Begoña bloqueó el paso del oficial con su imponente físico, dándole a Sara el tiempo necesario para reaccionar. El guardia, viéndose superado en número y sabiendo que un escándalo arruinaría su carrera, guardó el arma y retrocedió maldiciendo en voz baja.

El guardia, viéndose superado en número y sabiendo que un escándalo arruinaría su carrera, guardó el arma y retrocedió maldiciendo en voz…