Me incriminaron para quedarse con mi herencia, pero en la cárcel aprendí a defenderme
Anteriormente: Clara fue traicionada por las personas que más amaba y terminó en una prisión de alta seguridad. Sin embargo, cuando intentaron amedrentarla en el comedor, demostró que ya no es la misma mujer indefensa de antes.
La visita inesperada
La aparente victoria en el comedor no trajo la paz, sino una tormenta inminente. Esa misma noche, cuando el silencio sepulcral de la prisión ya se había apoderado de los pasillos, el cerrojo de la celda de Clara se abrió con un crujido metálico que la puso en alerta. Dos guardias de seguridad, con semblante serio y sin mediar palabra, le ordenaron que los acompañara. La condujeron por pasillos subterráneos que rara vez se utilizaban a esa hora, hasta llegar a la zona de visitas de máxima seguridad, un área fría dividida por gruesos paneles de cristal blindado.
Al entrar, Clara sintió que el aire se congelaba en sus pulmones. Sentada al otro lado del cristal no estaba su abogado, sino Sofía, su hermana mayor. Vestía un abrigo de cachemira impecable, pero su habitual máscara de superioridad se había desmoronado por completo. Sus ojos estaban inyectados en sangre y sus manos temblaban visiblemente mientras sostenía el auricular del teléfono.

Clara se sentó despacio y descolgó el auricular, manteniendo una expresión imperturbable.
¿Qué haces aquí, Sofía? ¿No te basta con haberme robado la vida y la herencia de papá?
Sofía tragó saliva, mirando nerviosa a su alrededor antes de hablar en un susurro desesperado.
Tienes que escucharme, Clara. No tengo mucho tiempo y los teléfonos de esta sala podrían estar siendo grabados de forma indirecta. No fui yo quien planeó todo esto por simple codicia. Fuimos obligadas... o más bien, fui amenazada. El verdadero socio de papá, el hombre que controlaba las finanzas desde las sombras, descubrió que tú tenías acceso a los códigos de la cuenta principal en Suiza. Si no te metía en prisión, nos habrían matado a las dos.
Clara apretó el auricular con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. Las palabras de su hermana resonaban como ecos de una pesadilla aún más profunda. La traición familiar que la había destruido no era más que la superficie de una conspiración mucho más oscura y peligrosa.
”La traición familiar que la había destruido no era más que la superficie de una conspiración mucho más oscura y peligrosa.