Traición · Ficción breve

Me traicionaron para heredar mi fortuna, pero en prisión encontré una inesperada aliada

Me traicionaron para heredar mi fortuna, pero en prisión encontré una inesperada aliada — Parte 2
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Anteriormente: Claudia fue traicionada por las personas en quienes más confiaba y terminó en prisión. Cuando el peligro acechaba en el patio, una misteriosa reclusa decidió arriesgarlo todo para salvarla de un destino fatal.

La sombra de la traición

Esa misma noche, impulsada por la gratitud y el miedo, Claudia buscó a Maia en los pasillos mal iluminados que conducían a la biblioteca del penal. La encontró sentada en un rincón oscuro, con la misma mirada impenetrable que había mostrado en el patio. Al principio, Maia se mostró reacia a hablar, pero cuando Claudia comenzó a relatar el calvario de cómo su esposo Mateo y su propia hermana Lucía la habían incriminado falsamente para apoderarse de su empresa familiar, el rostro de la imponente mujer se transformó.

Maia cerró el libro que sostenía y miró a Claudia con una mezcla de compasión y una rabia profundamente contenida. Lo que reveló a continuación dejó a Claudia sin aliento. Maia no estaba en esa prisión por casualidad. Años atrás, ella había estado casada con el mismo Mateo, quien la había estafado y destruido financieramente utilizando exactamente la misma estrategia de falsificación de firmas antes de abandonarla.

Me traicionaron para heredar mi fortuna, pero en prisión encontré una inesperada aliada
"Llevo meses siguiendo el rastro de Mateo desde aquí dentro", confesó Maia en un susurro urgente. "Pero lo que descubrí hoy es mucho más peligroso de lo que imaginas. Tu vida corre peligro real en este lugar."

Maia extrajo del bolsillo de su uniforme un papel arrugado. Era una carta interceptada que un guardia corrupto debía entregar a Begoña. El documento contenía instrucciones precisas para provocar un "accidente fatal" a Claudia en las duchas o durante el turno de noche, acompañado de un comprobante de transferencia bancaria por una suma exorbitante. El ordenante del pago no era otro que Mateo.

La verdad cayó sobre Claudia como un balde de agua helada. Su propio esposo estaba financiar su asesinato desde el exterior para asegurarse de que jamás pudiera apelar su sentencia. Con Begoña humillada y hambrienta de venganza tras la pelea del patio, el ataque definitivo era inminente. Maia tomó la mano temblorosa de Claudia, sus ojos brillando con determinación.

"Esta noche vendrán por ti durante el turno de limpieza en la lavandería. Tenemos que adelantarnos a su juego si queremos salir vivas de aquí", advirtió Maia.

Tenemos que adelantarnos a su juego si queremos salir vivas de aquí", advirtió Maia.