Me traicionaron para quedarse con todo, pero la prisión me enseñó a defenderme
Anteriormente: Sara fue traicionada por su propio prometido y enviada a una prisión de máxima seguridad. Allí, rodeada de peligro, tuvo que aprender a sobrevivir antes de planear su gran regreso.
La sombra del pasado
La aparente victoria en el patio solo sirvió para avivar un avispero del que Sara no podía escapar. Esa misma noche, una de las funcionarias de prisiones, sobornada por el entorno de su exprometido Manuel, le entregó una nota manuscrita durante el recuento nocturno. La caligrafía elegante y fría de Manuel reactivó todas sus alarmas: «Disfruta de tu estancia, Sara. Si sigues removiendo el pasado con tus abogados, Sofía tendrá un desafortunado accidente en la universidad». El chantaje era directo; Manuel sabía que la auditoría de la empresa estaba cerca y quería silenciarla.
A la mañana siguiente, Sara fue conducida a la sala de visitas locutorias. Al otro lado del cristal opaco se encontraba Clara, la abogada penalista que había tomado su caso pro bono, convencida de su inocencia. Clara colocó un fajo de documentos contra el cristal.

—Sara, hemos localizado las cuentas puente en Andorra. Manuel utilizó tu firma digital falsificada mientras estabas de viaje. Si firmas esta declaración jurada, la fiscalía reabrirá el caso de inmediato —explicó la abogada con urgencia—. Pero tienes que hacerlo ya.
El dilema moral era asfixiante. Firmar significaba recuperar su libertad y destruir a Manuel, pero también poner en peligro la vida de su hermana Sofía. Antes de que Sara pudiera sostener el bolígrafo para estampar su firma a través de la ranura de seguridad, las sirenas de emergencia comenzaron a ulular con un chirrido ensordecedor en todo el módulo penitenciario.
Varios guardias irrumpieron en la sala de visitas, encabezados por el jefe de servicio. Detrás de ellos, con una sonrisa de satisfacción maliciosa en su rostro magullado, aparecía Begoña. Había urdido su venganza de la manera más sucia posible.
—Es ella, jefe. Escondió el alijo de pastillas en el conducto de ventilación de su celda. Yo misma la vi —acusó Begoña con falsedad.
Sara comprendió la gravedad de la situación: si los guardias encontraban la droga plantada en su celda, se enfrentaría a una prolongación de condena de diez años, perdiendo cualquier posibilidad de salvar a su hermana o de demostrar la verdad.
”Yo misma la vi —acusó Begoña con falsedad.Sara comprendió la gravedad de la situación: si los guardias encontraban la droga plantada en s…