Venganza · Ficción breve

El médico arrogante me echó de mi propio hospital sin saber quién era yo realmente

El médico arrogante me echó de mi propio hospital sin saber quién era yo realmente — Parte 2
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Anteriormente: Un joven y altivo médico comete el peor error de su carrera al juzgar a un hombre vestido con sencillez, sin sospechar la verdadera identidad de su humilde visitante.

La tormenta en la oficina de administración

Víctor entró en el despacho de la dirección general, donde el gerente del hospital, don Manuel, lo recibió con una mezcla de sorpresa y profundo respeto. Víctor le explicó brevemente el incidente en el vestíbulo y le ordenó que redactara la suspensión inmediata del doctor Simón de sus funciones clínicas.

Sin embargo, antes de que Manuel pudiera teclear una sola palabra, la puerta de la oficina se abrió de golpe. Simón entró jadeando, seguido de cerca por el doctor Alberto, el director médico de la clínica y, además, su tío biológico. Alberto era conocido por su carácter despótico y su influencia dentro del centro, un poder que utilizaba con frecuencia para encubrir las faltas de su sobrino.

El médico arrogante me echó de mi propio hospital sin saber quién era yo realmente

Al ver a Víctor sentado frente al gerente, la rabia de Alberto se desbordó. No conocía el rostro del dueño absoluto de la corporación médica, ya que Víctor delegaba la gestión diaria y rara vez aparecía en las sucursales regionales sin previo aviso. Para Alberto, el hombre del cárdigan marrón no era más que un intruso que pretendía arruinar la brillante carrera de su pupilo.

—¿Quién se cree que es para amenazar a mi sobrino de esta manera? —bramó Alberto, arrojando con desprecio la carpeta de cuero de Víctor al suelo—. Simón es el cirujano residente más prometedor de este centro. No voy a permitir que un desconocido vestido de saldo venga a dar lecciones de moral en mi hospital.

Simón, recuperando su habitual sonrisa de suficiencia, se cruzó de brazos apoyando la actitud de su tío. Pensó que su puesto estaba a salvo bajo el ala protectora del director médico. Manuel, el gerente, palideció de terror e intentó advertir a Alberto, pero este lo interrumpió con un gesto despectivo:

—Manuel, llama a seguridad ahora mismo y saca a este hombre de aquí. Si no lo haces tú, lo haré yo.

Víctor observó las hojas de sus informes esparcidas por el suelo. Lejos de alterarse, se agachó con parsimonia para recogerlas, manteniendo una serenidad que heló la sangre del gerente del centro.

Lejos de alterarse, se agachó con parsimonia para recogerlas, manteniendo una serenidad que heló la sangre del gerente del centro.