Traición · Ficción breve

Mi esposa empujó a mi madre sin piedad y descubrí su oscuro secreto

Mi esposa empujó a mi madre sin piedad y descubrí su oscuro secreto — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Javier vio a su esposa Claudia empujar a su anciana madre por las escaleras, reaccionó con furia. Pero lo que descubrió después en el sótano cambió su vida para siempre.

Amenazas y oscuros descubrimientos

La agresión física de Javier hacia Claudia le dio a esta última la herramienta perfecta para consumar su plan. Levantándose del suelo con dificultad, Claudia se limpió la comisura del labio y miró a su esposo con una mueca de triunfo macabro. Sabiendo que las leyes protegerían su versión si jugaba bien sus cartas, no tardó en lanzar su ultimátum.

—Tengo marcas en la cara, Javier. Si no haces que tu madre firme la cesión de este chalet antes de mañana, llamaré a la Guardia Civil. Te denunciaré por maltrato y te aseguro que pasarás años tras las rejas mientras yo me quedo con todo —amenazó con voz sibilina.

Javier se sintió completamente acorralado. Llevaron a Margarita al interior, donde la anciana no paraba de llorar, sintiéndose culpable por la desgracia de su hijo. Claudia se encerró en el piso de arriba para ducharse, segura de que había ganado la partida. Fue en ese momento de desesperación cuando Javier decidió arriesgarlo todo.

Mi esposa empujó a mi madre sin piedad y descubrí su oscuro secreto

Aprovechando el ruido del agua de la ducha, Javier subió sigilosamente al dormitorio principal. Sabía que Claudia ocultaba algo en su bolso de diseño. Al abrir la cremallera y registrar el fondo, sus dedos tropezaron con un pequeño frasco de vidrio y una libreta de tapas negras. Al leer las anotaciones, el horror se apoderó de él.

El frasco contenía un potente sedante de uso clínico. En la libreta, Claudia llevaba un registro meticuloso de las dosis diarias que le suministraba en secreto a Margarita en su café de las mañanas. No era demencia senil lo que sufría su madre; estaba siendo envenenada lentamente para doblegar su voluntad y obligarla a firmar el testamento falso que también se encontraba en el bolso. De pronto, el sonido de la ducha cesó y unos pasos húmedos comenzaron a acercarse rápidamente por el pasillo.

De pronto, el sonido de la ducha cesó y unos pasos húmedos comenzaron a acercarse rápidamente por el pasillo.