Mi esposo intentó destruirme en el hospital, pero una capitana cambió mi destino
Anteriormente: Tras sobrevivir a un terrible accidente provocado por su propio esposo, Sara despierta en el hospital bajo custodia policial, sin imaginar que el peligro real aún está por cruzar la puerta.
La ley contra la justicia
La calma que siguió a la tormenta fue dolorosamente breve. Mientras el personal médico estabilizaba a Sara y la capitana Martínez coordinaba la denuncia por agresión flagrante, dos hombres vestidos con trajes de alta costura entraron en la habitación sin anunciarse. Uno de ellos era el prestigioso abogado de la familia de Marcos; el otro, un psiquiatra de renombre privado con una carpeta bajo el brazo.
—Capitana Martínez, lamento interrumpir su heroica labor, pero temo que está cometiendo un grave error de procedimiento —dijo el abogado con una sonrisa gélida y calculadora.
La capitana dio un paso al frente, interponiéndose físicamente entre los hombres y la camilla de Sara. Su mano derecha se posó instintivamente sobre su funda táctica, denotando la tensión del momento.

—Esta es una escena del crimen y la paciente está bajo custodia policial. Salgan de aquí ahora mismo o serán arrestados por obstrucción —sentenció Martínez con voz de acero.
El abogado, lejos de intimidarse, extendió un documento oficial con el sello de un juzgado de instrucción. Explicó que, debido al supuesto historial de inestabilidad emocional de Sara —documentado falsamente por el psiquiatra presente—, un juez había otorgado la tutela legal absoluta y provisional a su esposo, Marcos. Según el documento, Sara debía ser trasladada de inmediato a un centro psiquiátrico privado para su "protección y tratamiento".
Sara escuchaba las palabras del abogado sintiendo que el aire se escapaba de sus pulmones. Era una trampa perfecta. Si la trasladaban a ese centro privado controlado por la familia de Marcos, nunca saldría con vida. Miró a la capitana Martínez con ojos suplicantes. La oficial de policía leía el documento con creciente indignación, sabiendo que si se oponía a una orden judicial directa, arruinaría su impecable carrera de veinte años en el cuerpo.
”La oficial de policía leía el documento con creciente indignación, sabiendo que si se oponía a una orden judicial directa, arruinaría su…