Traición · Ficción breve

Mi esposo me abandonó embarazada, pero el doctor que me salvó destruyó su mentira

Mi esposo me abandonó embarazada, pero el doctor que me salvó destruyó su mentira — Parte 1
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Un pasillo teñido de traición

El frío linóleo del hospital de Madrid parecía congelar la poca fuerza que le quedaba a Sara. Vestida con una bata verde claro, se encogía sobre el suelo, con las manos aferradas a su vientre de ocho meses de embarazo. El dolor que sentía no era solo físico; era el desgarro de ver cómo el hombre al que había amado la miraba morir lentamente por dentro.

A pocos metros, apoyado contra la pared pastel con una calma que helaba la sangre, se encontraba Alberto. Llevaba su impecable traje gris marengo, con los brazos cruzados y una expresión de absoluta indiferencia. A su lado, Jésica, vestida con un chillón vestido naranja que parecía gritar maldad, la miraba con los ojos inyectados en odio.

Mi esposo me abandonó embarazada, pero el doctor que me salvó destruyó su mentira
—Ese niño nunca llegará a ver la luz, Sara. Todo lo que es tuyo, pronto será mío —siseó Jésica antes de abalanzarse sobre ella.

Jésica levantó la mano dispuesta a golpear a la indefensa mujer embarazada. Sara cerró los ojos, esperando el impacto y protegiendo a su bebé con el cuerpo. Pero el golpe nunca llegó. Un grito ahogado resonó en el pasillo.

El doctor Tomás, el obstetra jefe de cabello canoso y mirada firme, apareció como un torbellino blanco. Con una agilidad sorprendente para su edad, se interposo entre ambas mujeres, bloqueando los desesperados golpes de Jésica. forcejeó con ella mientras soltaba un quejido de esfuerzo físico.

—¡Ah! ¡Fuera de aquí! —exclamó el doctor Tomás, empujando con fuerza a Jésica, quien cayó estrepitosamente sobre el suelo del pasillo.

Las enfermeras, vestidas con uniformes azul marino, corrieron horrorizadas ante la escena, mientras Alberto ni siquiera se inmutaba, manteniendo su postura fría. El doctor Tomás, respirando agitadamente, se mantuvo firme frente a Sara, protegiéndola con su propio cuerpo.

El doctor Tomás, respirando agitadamente, se mantuvo firme frente a Sara, protegiéndola con su propio cuerpo.