Traición · Ficción breve

Mi ex me atacó en el hospital sin saber quién era la capitana que me protegía

Mi ex me atacó en el hospital sin saber quién era la capitana que me protegía — Parte 3
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Anteriormente: Tras sobrevivir a un grave accidente provocado por su ex, Sara despierta en el hospital bajo protección policial. Lo que no esperaba era que el violento regreso de Marcos desataría una verdad oculta durante décadas.

La última línea de defensa

Irene reaccionó con la fría determinación de un soldado experimentado. Desenganchó su arma reglamentaria y ayudó a Sara a levantarse de la cama, sosteniéndola firmemente para que no perdiera el equilibrio debido al collarín. El pasillo estaba desierto, envuelto en una penumbra roja por las luces de emergencia. El eco de disparos lejanos en las plantas inferiores confirmaba que el peligro se aproximaba a gran velocidad.

—Mantente detrás de mí, Sara. Pase lo que pase, no te separes —ordenó Irene con voz de acero.

Mi ex me atacó en el hospital sin saber quién era la capitana que me protegía

Avanzaron con cautela hacia la salida de incendios, pero al llegar al vestíbulo de los ascensores, la puerta metálica se abrió de golpe. Marcos apareció, con los ojos inyectados de odio y empuñando una pistola. Detrás de él, dos hombres corpulentos le cubrían las espaldas. Marcos sonrió con malicia al verlas acorraladas.

Se acabó el juego, capitana. Me arrebataste todo, pero hoy me llevo lo que es mío —siseó Marcos, apuntando directamente al pecho de Sara.

Sin embargo, la capitana Martínez no mostró un ápice de temor. Dio un paso al frente, cubriendo el cuerpo de su hija por completo.

—No eres más que un cobarde, Marcos. Y tu tiempo se ha agotado —respondió ella con calma gélida.

En ese instante, un estruendo ensordecedor sacudió el pasillo. Las ventanas de vidrio templado se hicieron añicos cuando varios agentes de asalto táctico de la Policía Nacional irrumpieron desde el exterior mediante rápel, mientras otra unidad bloqueaba las salidas del pasillo. No eran cómplices de Marcos; era un equipo de operaciones especiales de Asuntos Internos que Irene había convocado en secreto para tenderle una trampa definitiva al clan de corrupción policial al que Marcos pertenecía.

Marcos, viéndose completamente superado, arrojó su arma al suelo y levantó las manos, temblando de rabia al comprender que había caído en una emboscada perfecta. Mientras los agentes lo esposaban y se lo llevaban de por vida, Irene se giró hacia Sara, enfundando su arma y abrazándola con una fuerza que disipó todo el miedo acumulado durante años.

Aquel reencuentro bajo el fuego no solo salvó sus vidas, sino que les devolvió la oportunidad de recuperar el tiempo perdido como madre e hija, demostrando que el amor verdadero y el coraje familiar son capaces de destruir cualquier sombra del pasado.

Fin