Traición · Historia

Mi ex me pisoteó en su boda, sin saber quién me levantaría del suelo

Mi ex me pisoteó en su boda, sin saber quién me levantaría del suelo — Parte 2
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Anteriormente: Nerea fue humillada públicamente por su ex y la nueva novia en plena boda. Lo que ellos no esperaban era que el hombre más poderoso de la sala presenciara todo y decidiera hacer justicia.

Un aliado inesperado en la tormenta

Tiritando de frío en la acera mojada, con el vestido azul empapado y las rodillas heridas, Nerea se sintió completamente desamparada. El dolor de la traición de Mateo era más lacerante que el frío de la noche. Fue entonces cuando los faros de un elegante sedán negro iluminaron el callejón. Del vehículo descendió un hombre de porte aristocrático y mirada severa: Don Alejandro, el acaudalado empresario dueño del club de campo y una de las figuras más respetadas del país.

Al reconocer a Nerea, la expresión dura de Don Alejandro se suavizó. Años atrás, Nerea había trabajado como enfermera de cabecera de su difunta esposa, brindándole un cuidado lleno de amor y dignidad en sus últimos días. Don Alejandro jamás había olvidado su entrega. Al verla en ese estado deplorable, se apresuró a cubrirla con su abrigo de cachemira y le preguntó qué había sucedido en su propio establecimiento.

Mi ex me pisoteó en su boda, sin saber quién me levantaría del suelo

Con la voz entrecortada, Nerea le relató la traición de Mateo, cómo le había robado el anillo de zafiro de su madre y la humillación pública que acababa de sufrir a manos de la nueva pareja. A medida que escuchaba, la mandíbula de Don Alejandro se tensó y sus ojos brillaron con una furia contenida. El padre de Nuria dependía enteramente de las inversiones de Alejandro para salvar su constructora de la quiebra, y Mateo acababa de firmar un contrato en la clínica privada que Alejandro financiaba.

«No llores más, Nerea. La soberbia es un mal que se cura con la realidad. Sígueme, es hora de que recuperes lo que es tuyo», sentenció Don Alejandro con firmeza.

Tras permitirle cambiarse de ropa en una suite privada, Don Alejandro guio a Nerea de regreso al gran salón de bodas. Las puertas se abrieron de par en par con un golpe seco que interrumpió el brindis. El silencio se apoderó de la sala cuando los invitados vieron entrar a la mujer que acababan de humillar, ahora caminando con la cabeza en alto al lado del hombre más poderoso de la sala.

El silencio se apoderó de la sala cuando los invitados vieron entrar a la mujer que acababan de humillar, ahora caminando con la cabeza e…