Mi novio nos traicionó por dinero y mi tío motero decidió darle una lección
Un encuentro tenso en la carretera
La cafetería de la ruta nacional siempre había sido un lugar de paso, un refugio para camioneros cansados y almas perdidas en la noche castellana. Con su suelo de baldosas blancas y negras desgastadas y sus reservados de color turquesa bajo una mortecina luz de neón, el local parecía congelado en el tiempo. Sin embargo, esa tarde, la atmósfera no era la habitual de un tranquilo bar de carretera. El aire estaba tan cargado que casi se podía cortar con un cuchillo.
Claudia entró al local con paso firme pero con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho. Llevaba puesta una sudadera gris con capucha que ocultaba a medias su rostro pálido y sus ojos enrojecidos por la traición. Sabía exactamente a quién buscaba. Al fondo del pasillo central, sentado en una de las cabinas de cuero, se encontraba Silas. Silas, el imponente líder de la banda local de moteros, vestía su habitual chaleco de cuero negro y lucía una barba espesa que le daba un aspecto temible.

Sin dudar un instante, la joven caminó decidida por el pasillo. Al llegar junto a él, se inclinó lentamente hasta quedar frente con frente. El contraste entre la delicadeza de la joven pelirroja y la brutal presencia de Silas era evidente. Con una voz que era un susurro gélido pero cargado de determinación, Claudia pronunció las palabras que desatarían la tormenta:
Ya sabes lo que tienes que hacer. Ahora mismo. Sin dudar.
Silas la miró fijamente durante un segundo que pareció eterno. Luego, apretó los dientes y emitió un gruñido ronco que resonó en el silencio del local:
Rómpelo.
Al instante, los miembros de la banda que estaban repartidos por las mesas contiguas se levantaron al unísono. El chirrido metálico de sus sillas alertó a Samu, un joven de camisa de franela que observaba la escena desde un rincón con una hamburguesa a medio comer. Samu tragó saliva, sintiendo un sudor frío recorrer su nuca, y murmuró para sí mismo:
Uf, eso no pinta bien.
”Samu tragó saliva, sintiendo un sudor frío recorrer su nuca, y murmuró para sí mismo:Uf, eso no pinta bien.