Mi novio se burló de mi caída en la calle sin saber quién me rescataría
Una tarde gris en Madrid
El cielo de Madrid se había teñido de un gris plomizo y una lluvia incesante comenzaba a empapar las calles de la capital. Claudia corría apresurada por la acera de hormigón húmedo, intentando proteger con sus manos una carpeta llena de documentos importantes. Llevaba un impermeable amarillo brillante que contrastaba con la melancolía del día, pero su mente estaba en otra parte. Había quedado con su novio, Zach, cerca de las instalaciones de su antiguo instituto, donde él solía reunirse con sus amigos de la infancia para recordar viejos tiempos de opulencia y privilegios.
Al doblar la esquina, el suelo resbaladizo por el agua acumulada y las hojas caídas le jugó una mala pasada. El pie de Claudia se deslizó sin previo aviso, haciéndola perder el equilibrio por completo. Con un grito ahogado, cayó pesadamente sobre el hormigón frío, raspándose las manos y la rodilla derecha. La carpeta salió volando y sus papeles comenzaron a humedecerse en el suelo sucio.

El dolor físico fue agudo, pero lo que realmente congeló el corazón de Claudia fue la reacción que provino de unos metros más allá. Zach, vestido con su llamativa chaqueta deportiva roja del instituto, estaba allí de pie junto a sus tres amigos de toda la vida. En lugar de correr a auxiliarla, el grupo estalló en una sonora carcajada. Uno de sus amigos gritó con burla:
—¡Vaya! ¡Miradla!—Mientras que otro, entre risitas condescendientes, añadió:
—Y se ha caído.—
Claudia levantó la vista, con los ojos empañados por las lágrimas de humillación, buscando el apoyo de su novio de tres años. Sin embargo, Zach solo sonrió con suficiencia, prefiriendo mantener su estatus de chico popular ante su grupo antes que mostrar un ápice de compasión hacia la mujer que decía amar.
”Sin embargo, Zach solo sonrió con suficiencia, prefiriendo mantener su estatus de chico popular ante su grupo antes que mostrar un ápice…