Traición · Historia

Mi prometido me encerró para salvarse, pero no sabía de lo que soy capaz

Mi prometido me encerró para salvarse, pero no sabía de lo que soy capaz — Parte 2
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Anteriormente: Sara pensó que su vida había terminado cuando el hombre que amaba la incriminó. Sin embargo, tras las rejas de la prisión, descubrió que la fuerza para destruir su imperio siempre estuvo en sus propias manos.

La sombra del traidor

La victoria en el patio no trajo paz a Sara, sino una confirmación aterradora. Esa misma noche, bajo la luz parpadeante y húmeda de las duchas comunes, Begoña la abordó con una actitud sumisa que contrastaba con su violencia anterior. Con voz temblorosa, le reveló que Hugo había pagado una inmensa suma de dinero a su banda en el exterior para asegurar que Sara sufriera un «accidente» definitivo antes del juicio de apelación. El trozo de papel con los datos de la transferencia bancaria que Begoña le entregó era la prueba irrefutable de la desesperación de su ex prometido.

Sin embargo, la revelación fue interrumpida por la irrupción de dos guardias corruptos del penal, claramente compinchados con Hugo. Con una frialdad pasmosa, arrojaron un paquete de sustancias prohibidas a los pies de Sara, amenazándola con un nuevo cargo que la sepultaría de por vida en una celda de aislamiento. La situación parecía desesperada, pero Sara sabía que no podía rendirse sin luchar.

Mi prometido me encerró para salvarse, pero no sabía de lo que soy capaz

Justo cuando el guardia más alto alzaba su porra para someterla, un grito de autoridad cortó el aire húmedo de las duchas. La directora del centro penitenciario, acompañada por un contingente de la policía judicial, entró de imprevisto en el recinto. Detrás de ellos aparecía una figura inesperada: Lucía, la actual socia de Hugo y su nueva prometida. Lucía, habiendo descubierto las irregularidades contables de Hugo y sospechando de su repentina riqueza, había comenzado a investigar por su cuenta hasta dar con el rastro del dinero que incriminaba a Sara.

—Suelten a esa reclusa de inmediato —ordenó la directora, fijando su mirada severa en los guardias corruptos, quienes palidecieron al instante al verse descubiertos con las manos en la masa.

Lucía dio un paso al frente, sosteniendo una carpeta de documentos legales. Miró a Sara con una mezcla de culpa y determinación, sabiendo que tenía en sus manos la llave para abrir las puertas de su celda y destruir al hombre que casi acaba con la vida de ambas.

Miró a Sara con una mezcla de culpa y determinación, sabiendo que tenía en sus manos la llave para abrir las puertas de su celda y destru…