Secretos de familia · Historia

Mi suegra me atacó por su secreto y mi novio eligió la verdad

Mi suegra me atacó por su secreto y mi novio eligió la verdad — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Sara descubrió el oscuro secreto financiero de su suegra, nunca imaginó que terminaría luchando por su vida en su propia cocina, salvada en el último segundo por su novio.

Una traición imperdonable

Marta se levantó del suelo lentamente, frotándose el codo y mirándolos con un odio que no parecía propio de una madre. Intentó cambiar la narrativa de inmediato, señalando con un dedo acusador a Sara.

¡Ella me atacó primero, David! ¡Esa mujer es una víbora! Ha estado husmeando en mis cosas privadas y quería robarme. ¡Échala de esta casa o llamaré a la policía ahora mismo!

David miraba a su madre con incredulidad. Conocía a Sara desde hacía cinco años; sabía que era incapaz de hacer daño a una mosca. Con las manos temblorosas, Sara sacó un fajo de papeles arrugados del bolsillo de su sudadera verde y se los entregó a David. Eran los extractos bancarios que había encontrado en el desván.

Mi suegra me atacó por su secreto y mi novio eligió la verdad

Al ver los documentos, la seguridad de Marta se desmoronó por completo. Trató de abalanzarse para arrebatárselos, pero David la detuvo con un brazo firme. Con los ojos fijos en el papel, el joven comenzó a leer las cifras. Su rostro se volvió pálido, perdiendo todo rastro de color.

El dinero que su difunto padre le había dejado en un fondo de fideicomiso para su futuro, más de ciento cincuenta mil euros que debían servir para pagar su carrera y su primera vivienda, había sido completamente retirado. Las firmas de autorización de las transferencias eran de Marta. Todo se había esfumado en cuentas asociadas a casinos y deudas de juego online.

¿Cómo pudiste hacerme esto, mamá? —preguntó David, con la voz rota por la decepción—. Era el esfuerzo de toda la vida de papá... para mí. Y me lo has robado todo.

Marta, al verse acorralada y sin salida, no mostró arrepentimiento. Su expresión se volvió fría y calculadora. Dio un paso hacia la encimera, donde descansaba un juego de cuchillos, y miró a su hijo con una severidad aterradora.

Dio un paso hacia la encimera, donde descansaba un juego de cuchillos, y miró a su hijo con una severidad aterradora.