Traición · Ficción breve

Mi yerno me arrojó por un ventanal para ocultar el peor secreto familiar

Mi yerno me arrojó por un ventanal para ocultar el peor secreto familiar — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Beatriz descubrió que su yerno estaba envenenando a su propia hija, jamás imaginó que él sería capaz de cruzar todos los límites para silenciarla en mitad de la clínica.

La amenaza en la penumbra

A pesar de la gravedad del ataque, la enorme influencia de Carlos en los círculos judiciales de la ciudad surtió un efecto inmediato y aterrador. Menos de veinticuatro horas después del incidente en la clínica, y gracias a un equipo de abogados despiadados, el médico fue puesto en libertad bajo una fianza millonaria. Mientras tanto, Beatriz se recuperaba en una fría habitación de hospital, con el cuerpo cubierto de vendas y el alma destrozada por el miedo.

La verdadera pesadilla comenzó al caer la noche. La puerta de la habitación de Beatriz se abrió silenciosamente. Esperando ver a una enfermera, Beatriz se incorporó con dificultad, solo para encontrarse con la figura imponente de Carlos. Llevaba un traje nuevo, tan impecable como el anterior, y una expresión de absoluta impunidad.

Mi yerno me arrojó por un ventanal para ocultar el peor secreto familiar
—¿Pensaste que unos cristales rotos y un policía de barrio me detendrían? —susurró Carlos, acercándose lentamente a la cama—. Las pruebas que robaste ya no existen. He limpiado mi despacho y el historial de Elena ha sido modificado. Esta noche, su corazón simplemente dejará de latir debido a su "enfermedad". Y tú no puedes hacer nada.

Beatriz sintió que el pánico la asfixiaba. Quiso gritar, pero sabía que Carlos controlaba al personal de esa planta. Sin embargo, cuando Carlos se dio la vuelta para marcharse con una sonrisa triunfal, la puerta se abrió por completo. En el umbral no estaba un cómplice, sino el oficial Hernández. El policía no venía solo para vigilar; sostenía un pequeño objeto brillante en su mano: un colgante de plata que Beatriz llevaba el día del ataque y que contenía una tarjeta de memoria oculta con las copias digitales de los análisis de Elena.

Hernández había recuperado el colgante de entre los cristales rotos de la clínica antes de que los hombres de Carlos pudieran limpiar la escena del crimen. El juego de poder acababa de dar un giro drástico, pero el tiempo para salvar a Elena se agotaba en cuestión de minutos.

El juego de poder acababa de dar un giro drástico, pero el tiempo para salvar a Elena se agotaba en cuestión de minutos.