Un militar regresa de misión y descubre el oscuro secreto que ocultaba su prometida
Anteriormente: José regresó de su misión militar antes de lo previsto, solo para descubrir que su prometida, Samanta, estaba maltratando en secreto a su convaleciente madre en el hospital de Madrid.
El descubrimiento de una conspiración familiar
Mientras los médicos entraban apresuradamente para estabilizar a Margarita, cuyos monitores cardíacos pitaban con alarmante velocidad, José contenía a Samanta en el suelo. La joven, quejándose del fuerte golpe en el pecho, intentó cambiar su versión con lágrimas falsas, pero la furia del militar era implacable. La policía nacional llegó minutos después, alertada por el personal de seguridad del centro médico.
Antes de que se llevaran a Samanta esposada, José decidió registrar su bolso de marca, buscando alguna explicación a semejante monstruosidad. Lo que encontró entre las pertenencias de su prometida lo dejó sin aliento: una serie de documentos notariales y testamentos falsificados que transferían todas las propiedades de su madre y las cuentas familiares a su nombre. Sin embargo, el golpe definitivo no vino de los papeles, sino de la boca de la propia detenida.

«¿Crees que esto fue idea mía, José? No eres tan listo como crees. Pregúntale a tu querido hermano Santiago quién redactó cada uno de esos contratos», escupió Samanta con una sonrisa llena de veneno antes de ser escoltada fuera del hospital.
El dolor de la traición se duplicó en el pecho de José. Santiago, su hermano mayor y un exitoso asesor financiero, siempre se había quejado de la administración de los bienes de la familia, pero José jamás imaginó que sería capaz de aliarse con un monstruo para torturar a su propia madre. Sin perder tiempo, el militar se dirigió a las oficinas de Santiago en el centro de Madrid.
Al llegar, esquivó a la secretaria y abrió la puerta del despacho de su hermano de golpe. Santiago estaba de espaldas, hablando por teléfono con total tranquilidad, ajeno a la tormenta que se avecinaba. José escuchó con horror las palabras que salían de su boca: «Asegúrate de que la vieja firme hoy mismo. José vuelve en dos semanas y no podemos dejar cabos sueltos».
”José vuelve en dos semanas y no podemos dejar cabos sueltos».