Una niña me ofreció su comida en la calle y me pidió que fuera su madre
Anteriormente: Perdiendo la esperanza en una fría noche de invierno, Alba recibe un inesperado gesto de compasión de una pequeña desconocida que cambiará su destino para siempre.
Antes de que Alba pudiera procesar la increíble petición de la niña, el hombre de la barba dio un paso al frente y se arrodilló sobre la nieve, quedando a su misma altura. Al mirar de cerca el rostro de Alba, sus ojos se llenaron de una profunda emoción y asombro.
El reencuentro inesperado
—¿Alba? ¿De verdad eres tú, la hija de Fernando? —preguntó el hombre con la voz temblorosa.
Alba asintió lentamente, temerosa de que aquello fuera un sueño causado por la hipotermia. El hombre se presentó como Guillermo, el antiguo socio y mejor amigo de su difunto padre. Guillermo le confesó que llevaba semanas buscándola desesperadamente. Su padre, presintiendo la codicia de Carlos, había dejado un testamento auténtico bajo llave en una caja de seguridad bancaria que solo Alba podía abrir.

La felicidad de saber que no todo estaba perdido duró apenas unos segundos. El chirrido violento de unos neumáticos rompió el silencio de la plaza. Un imponente todoterreno negro se detuvo junto al banco y de él descendió Carlos, el hermanastro de Alba, acompañado por dos guardaespaldas de aspecto amenazante.
—Vaya, miren a quién tenemos aquí. La vagabunda de la familia dando lástima a los extraños —escupió Carlos con una sonrisa de desprecio—. Muchachos, lleváosla. No permitiré que ensucie nuestro apellido en público.
Los dos hombres se adelantaron con intenciones evidentes de arrastrar a Alba por la fuerza. La pequeña Claudia se aferró llorando a la pierna de Alba, mientras el pánico volvía a apoderarse de la joven.
”La pequeña Claudia se aferró llorando a la pierna de Alba, mientras el pánico volvía a apoderarse de la joven.