Un niño aterrorizado entró a una cafetería buscando ayuda de tres desconocidos
Anteriormente: Un pequeño de ocho años entra empapado y temblando a una vieja cafetería de carretera, implorando a tres rudos motociclistas que no dejen que se lo lleven.
La sombra del perseguidor
El niño, cuyo nombre era Mateo, se deslizó tembloroso en el asiento de la cabina junto a Hugo. Mientras Marcos le ofrecía una toalla seca y un vaso de leche tibia, Mateo comenzó a relatar una historia de codicia y traición. Su madre había fallecido hacía pocas semanas, dejándole una importante herencia que debía ser administrada por un tutor legal hasta su mayoría de edad. Su padrastro, un hombre frío y ambicioso llamado Julián, había estado planeando deshacerse del niño para quedarse con toda la fortuna familiar.
Antes de que Mateo pudiera terminar su relato, el potente motor de un sedán oscuro rugió en el estacionamiento exterior. A través del cristal empañado, los faros del automóvil iluminaron la cafetería con una luz espectral. La puerta del coche se cerró con un golpe seco y, segundos después, un hombre alto con un abrigo impermeable negro entró al establecimiento. Era Julián.

El recién llegado recorrió el lugar con una mirada altiva y calculadora hasta fijar sus ojos en el pequeño Mateo, quien intentó encogerse detrás de la imponente figura de Hugo.
—Mateo, se acabó el juego. Es hora de volver a casa, tu tía está muy preocupada —dijo Julián con una sonrisa gélida y una voz que pretendía ser tranquilizadora.
Hugo se puso de pie lentamente, revelando su verdadera estatura. Marcos y Lucas hicieron lo mismo, formando una muralla impenetrable de cuero negro frente al niño. La tensión en la cafetería alcanzó un punto de ebullición insoportable.
—El niño no va a ninguna parte contigo —declaró Hugo con una firmeza que hizo retroceder un paso a Julián.
El padrastro, al verse acorralado por tres hombres corpulentos, metió la mano derecha en el bolsillo de su abrigo, revelando la silueta inconfundible de un arma de fuego. La situación amenazaba con convertirse en una tragedia bajo las luces fluorescentes de la cafetería.
”La situación amenazaba con convertirse en una tragedia bajo las luces fluorescentes de la cafetería.