Noelia arriesgó su libertad para salvar a una reclusa indefensa de sus verdugos
Anteriormente: En el hostil ambiente de la prisión, Noelia no dudó en enfrentarse a la temida Laura para defender a una joven indefensa, desatando una guerra que cambiaría sus vidas para siempre.
El precio de la justicia
La victoria de Noelia en el comedor fue tan espectacular como peligrosa. Pocos minutos después de que las agresoras cayeran al suelo, una patrulla de guardias irrumpió en el comedor con las porras en alto. Sin embargo, en Cruz del Sur, la justicia era una mercancía que se vendía al mejor postor. El inspector Merino, jefe de seguridad del penal y aliado secreto de la influyente familia de Laura, no tardó en tomar cartas en el asunto.
Ignorando deliberadamente las provocaciones de las acosadoras, Merino ordenó que arrastraran a Noelia directamente a las celdas de castigo, conocidas popularmente como "el pozo". Allí, en una habitación húmeda, oscura y sin ventilación, Noelia pasó setenta y dos horas de absoluto aislamiento. El frío calaba sus huesos, pero lo que más le pesaba era la incertidumbre sobre el destino de Érika.

La tercera noche de encierro, un ruido metálico en la puerta interrumpió el silencio de la celda. Para sorpresa de Noelia, la pequeña trampilla de la puerta de hierro se deslizó con cuidado. Al otro lado no estaba el rostro hostil de un guardia, sino los ojos llorosos de Érika, quien había logrado sobornar a una enfermera para llegar hasta allí.
—Tienes que escucharme, Noelia —susurró Érika, con la voz temblando por el pánico—. Merino sabe que te defendiste y planea trasladarte mañana a un centro de máxima seguridad. Allí, la gente de Laura te está esperando para acabar contigo.
Antes de que Noelia pudiera asimilar la terrible noticia, Érika le reveló un secreto que lo cambiaría todo. Su encarcelamiento no había sido un error administrativo, sino una conspiración. Su padre, un antiguo juez de la Audiencia Nacional, había recopilado pruebas definitivas sobre una red de sobornos y narcotráfico que involucraba a Merino y a los familiares de Laura. Esas pruebas estaban almacenadas en un microchip oculto dentro del taller de costura del penal, y Érika necesitaba la fuerza y el ingenio de Noelia para recuperarlo y sacarlo a la luz antes de que fuera demasiado tarde.
”Esas pruebas estaban almacenadas en un microchip oculto dentro del taller de costura del penal, y Érika necesitaba la fuerza y el ingenio…