Atada a un árbol en el bosque frío, la oficial Emilia descubrió la peor traición
El bosque de pinos en el norte del país amaneció cubierto por una densa y gélida niebla que apenas dejaba pasar la luz del sol. En un claro desolado, la oficial Emilia sentía cómo el frío de la corteza del pino se filtraba a través de su uniforme policial. Estaba atada fuertemente con una soga gruesa que le inmovilizaba los brazos y el torso. Frente a ella, Marcos, un peligroso fugitivo bajo investigación por contrabando, la observaba con una mezcla de desprecio y triunfo. Vestido con un abrigo oscuro y un gorro de lana, Marcos se inclinó hacia adelante, rompiendo la distancia de seguridad hasta que su aliento frío golpeó el rostro de la oficial.
Un desafío en la espesura del bosque
Con una sonrisa burlona y llena de malicia, Marcos gritó con fuerza:
Nadie va a venir aquí a ayudarte. Estás sola, oficial.
A pesar de la suciedad en su rostro y el dolor latente por el golpe que había recibido al ser capturada, los ojos de Emilia no mostraron ni una pizca de sumisión. Sostuvo la mirada de su captor con una determinación inquebrantable y respondió con voz firme:
Ya has cometido un error.
La seguridad en sus palabras descolocó por completo a Marcos. Su sonrisa burlona se desvaneció al instante, y sus cejas se juntaron en un gesto de profunda confusión e incertidumbre. Dando un medio paso atrás, preguntó con desconfianza:
¿De qué estás hablando?
Emilia no pronunció una sola palabra más. En su lugar, simplemente clavó sus ojos en él mientras, a lo lejos, el follaje del bosque comenzaba a teñirse de destellos intermitentes azules y rojos. Las sirenas apagadas de las patrullas policiales se aproximaban rápidamente, rompiendo el silencio sepulcral de la montaña y revelando que el cazador estaba a punto de convertirse en la presa.
”Las sirenas apagadas de las patrullas policiales se aproximaban rápidamente, rompiendo el silencio sepulcral de la montaña y revelando qu…