Pensaron que podían pisotearme en prisión, pero mi silencio ocultaba un plan maestro
Anteriormente: Nerea sobrevivía en el patio de la prisión soportando los abusos de Sonia y la complicidad de los guardias. Pero un violento enfrentamiento bajo el sol español cambiará las reglas del juego para siempre.
La emboscada nocturna
La victoria en el patio de recreo tuvo un precio inmediato. Esa misma noche, el silencio sepulcral de la prisión se rompió con el crujido metálico de la puerta de la celda de Nerea. Al abrir los ojos, se encontró rodeada por tres sombras en la penumbra. Al frente estaba Sonia, con la nariz vendada y una mirada llena de odio homicida, sosteniendo una navaja improvisada hecha con un cepillo de dientes afilado.
Detrás de ella, asegurando la puerta y bloqueando la mirilla, se encontraba la oficial Valeria. La complicidad de la guardia dejaba claro que no habría ayuda externa. Nerea estaba completamente sola en la oscuridad.

«¿Pensaste que un par de golpes te convertirían en la reina de este lugar? De aquí no sales viva, niñata», siseó Sonia, dando un paso adelante con el arma blanca en alto.
Nerea sintió el frío del muro de hormigón contra su espalda, pero en lugar de suplicar por su vida, mantuvo la mirada fija en la oficial Valeria.
«Si me tocan, mañana a primera hora el vídeo de tu cuenta bancaria en Andorra estará en el despacho del director de asuntos internos», susurró Nerea con una calma que heló la sangre de la guardia.
La oficial Valeria se congeló al instante. Su rostro se descompuso bajo la luz de la luna que se filtraba por los barrotes. Nerea había descubierto semanas atrás, gracias a los documentos financieros que aún recordaba de su vida exterior, que Valeria recibía sobornos mensuales para facilitar el tráfico de sustancias dentro de la prisión.
«¿De qué estás hablando?», balbuceó Valeria, dando un paso atrás.
Sonia, confundida por la repentina vacilación de su aliada, miró a la oficial exigiendo una explicación. La tensión en el pequeño espacio de la celda se volvió insoportable, mientras el destino de Nerea pendía de un hilo finísimo.
”La tensión en el pequeño espacio de la celda se volvió insoportable, mientras el destino de Nerea pendía de un hilo finísimo.