Presumí mi vida perfecta ante mi rival sin saber quién era el verdadero dueño
El destello de una ilusión
La luz de la tarde se filtraba a través de los majestuosos vitrales de la capilla, proyectando sombras alargadas sobre el frío suelo de mármol. Para Claudia, aquel lugar sagrado no era más que el escenario perfecto para exhibir su última victoria. Vestida con un elegante mono negro de diseñador que acentuaba su estilizada figura, se sentía dueña del mundo. Frente a ella se encontraba Sara, vestida con un sencillo pero sofisticado diseño de color verde salvia. Sara siempre había sido su eterna rival, la mujer cuya serenidad Claudia siempre había intentado superar con lujos y ostentación.
Con un movimiento deliberado y lento, Claudia alzó su mano izquierda, permitiendo que la luz del sol hiciera destellar el enorme diamante de su anillo de compromiso. Quería ver la derrota en los ojos de Sara, quería el reconocimiento que sentía que merecía. Con una sonrisa triunfante, pronunció las palabras que llevaba años ensayando en su mente:

—En 2008 conseguí al hombre, el dinero y la mansión.
Sara no se inmutó. Su rostro permaneció impasible, manteniendo una calma que a Claudia comenzó a resultarle sumamente irritante. Buscando quebrar esa compostura de hielo, Claudia decidió dar el golpe de gracia.
—¿Ya conoces a mi marido? —preguntó Claudia con un tono cargado de condescendencia.
Fue en ese instante cuando la expresión de Sara cambió, dando paso a una sonrisa enigmática, casi de lástima. Miró más allá del hombro de Claudia, fijando sus ojos en la entrada de la nave central de la iglesia.
—Cariño —llamó Sara con una voz suave pero asombrosamente firme.
Un frío de pánico se apoderó de Claudia. Al girarse, vio a Tomás, su esposo, caminando con paso firme por el pasillo central. Vestía un impecable traje gris marengo y su mirada estaba fija en un solo punto. Claudia abrió los ojos con incredulidad, esperando que él corriera a su lado. Sin embargo, Tomás pasó de largo, ignorándola por completo, para besar con ternura la sien de Sara y rodear su cintura con un brazo protector.
”Sin embargo, Tomás pasó de largo, ignorándola por completo, para besar con ternura la sien de Sara y rodear su cintura con un brazo prote…