Traición · Historia

Mi prometida humilló a mi abuela sin saber que la casa le pertenecía a ella

Mi prometida humilló a mi abuela sin saber que la casa le pertenecía a ella — Parte 1
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El sol de la tarde se filtraba por los amplios ventanales de la sala de estar de Cristóbal, un espacio moderno y minimalista de paredes de un blanco impoluto. Cristóbal, un exitoso asesor financiero, acababa de regresar de un viaje de negocios en Barcelona que se había cancelado a última hora. Con una maleta en una mano y un ramo de flores en la otra, abrió la puerta principal esperando sorprender a su prometida, Torres, y a su querida abuela, Juana.

Sin embargo, el silencio sepulcral que reinaba en la casa fue interrumpido por una risa gélida y despectiva proveniente del salón. Intrigado y con un mal presentimiento instalándose en el pecho, avanzó sigilosamente. Al asomarse, la escena que presenció le heló la sangre. Torres, una joven rubia de mirada altiva, estaba cómodamente recostada en el sofá gris.

Mi prometida humilló a mi abuela sin saber que la casa le pertenecía a ella

A sus pies, de rodillas sobre el suelo de baldosas frías, se encontraba Juana. La anciana de ochenta años, vestida con un sencillo vestido amarillo, sostenía temblorosa un barreño de agua mientras intentaba lavar los pies de la joven. De pronto, con una crueldad infinita, Torres apartó el pie de un golpe, salpicando agua directamente sobre el rostro y el vestido de la anciana.

—¡Viejo idiota! —chilló Torres, riéndose con desprecio—. ¿Es que ni siquiera puedes hacer algo tan simple como esto? ¡Eres una inútil!

Juana se encogió, sollozando en silencio con los ojos fijos en el suelo. La rabia estalló en el pecho de Cristóbal. Sin pensarlo, soltó las maletas y corrió hacia el salón con los ojos inyectados en sangre.

—¡Para! ¡Aléjate de ella! —grito con una voz que hizo temblar las paredes.

Antes de que Torres pudiera reaccionar, Cristóbal la empujó con fuerza, haciendo que cayera del sofá directamente al suelo de madera. Se arrodilló de inmediato para consolar a su abuela, cuyo cuerpo temblaba sin parar.

—¿Cómo te atreves? —rugió Cristóbal, fulminando a su prometida con la mirada.

—rugió Cristóbal, fulminando a su prometida con la mirada.