Traición · Historia

Mi prometido militar regresó de imprevisto y me salvó de mi cruel cuidadora

Mi prometido militar regresó de imprevisto y me salvó de mi cruel cuidadora — Parte 2
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Anteriormente: Sofía dependía por completo de Nuria, su enfermera, sin imaginar el infierno que viviría en su propio jardín hasta que un uniforme azul cambió su destino para siempre.

El descubrimiento del diario oculto

Tras el impactante rescate, Andrés llevó a Sofía al interior de la casa y llamó de inmediato a las autoridades. Sin embargo, Nuria se había esfumado antes de que la patrulla policial llegara al lugar. El alivio inicial de estar a salvo pronto se vio empañado por una extraña incomodidad. Andrés parecía inusualmente nervioso, esquivando la mirada de Sofía y pasando largas horas al teléfono, supuestamente coordinando la búsqueda de la enfermera prófuga.

Al día siguiente, decidida a empaquetar las pertenencias que Nuria había dejado en la habitación de invitados, Sofía descubrió algo que cambiaría su vida. En el fondo de un cajón doble, envuelto en una bufanda vieja, había un cuaderno de cuero negro. Pensando que podría contener datos de contacto de la agresora para entregárselos a la policía, Sofía lo abrió.

Mi prometido militar regresó de imprevisto y me salvó de mi cruel cuidadora

Lo que encontró no eran recetas ni notas de enfermería. Eran páginas llenas de una caligrafía obsesiva, todas dirigidas a Andrés. Al pasar las páginas, cayeron varias fotografías antiguas. En ellas, un Andrés más joven aparecía sonriente, abrazando apasionadamente a Nuria en una playa. No era una relación de paciente y cuidadora; Nuria era el primer amor de Andrés, una mujer con la que había compartido años de su juventud.

El diario detallaba un plan escalofriante. Nuria no había llegado a la vida de Sofía por casualidad. Había manipulado las recomendaciones de las agencias de empleo para que Andrés la contratara, impulsada por un deseo obsesivo de recuperar al hombre que consideraba suyo, mientras planeaba hacer la vida de Sofía un infierno para que ella misma decidiera abandonar la relación.

Justo en ese instante, la puerta se abrió. Andrés entró en la habitación y vio el cuaderno abierto en manos de Sofía. Su rostro, generalmente firme y seguro, se desmoronó por completo, tornándose de un color pálido y cenizo. El silencio en la habitación se volvió insoportable.

El silencio en la habitación se volvió insoportable.