Protegí a una anciana en prisión sin saber que cambiaría mi destino
Anteriormente: Cuando Paula vio a la vulnerable Azahara acorralada en la cocina de la prisión, no dudó en actuar. Lo que no sabía era que defenderla desenterraría un secreto familiar que cambiaría sus vidas.
El enemigo invisible
El castigo por la pelea fue brutal: tres días de aislamiento en una celda húmeda y sin luz. Sin embargo, cuando Paula regresó al patio, no había arrepentimiento en sus ojos. Azahara la esperaba en una esquina sombría del muro, con lágrimas de gratitud recorriendo sus mejillas arrugadas. Lo que comenzó como un acto de protección impulsivo pronto se convirtió en la llave para abrir una caja de Pandora que ambas compartían sin saberlo.
Azahara, con la voz temblorosa pero firme, le confesó a Paula la verdad detrás de su encarcelamiento. No estaba allí por un error administrativo; su propio yerno, un influyente empresario con nexos políticos, la había incriminado en un fraude millonario para salvar su propio pellejo. Lo que el hombre no sabía era que Azahara poseía copias físicas de las transferencias ilegales, escondidas en una caja de seguridad fuera del penal. Úrsula no la atacaba por capricho; había sido contratada desde el exterior para silenciarla antes de que las pruebas salieran a la luz.

La revelación más impactante llegó cuando Azahara mencionó el nombre del abogado que había orquestado su defensa fallida. Era el mismo letrado que, dos años atrás, había convencido a Paula de declararse culpable de un asalto que no cometió, asegurándole que era la única forma de salvar a su hermana menor de la cárcel. Ambas mujeres habían sido traicionadas por la misma red de corrupción.
—Nos usaron como piezas de ajedrez, Paula. Pero si logramos sacar esos documentos a la prensa, tu caso se revisará y recuperaremos nuestras vidas —susurró Azahara, apretando las manos de la joven con esperanza.
La esperanza, no obstante, es un lujo peligroso en prisión. Esa misma noche, el jefe de seguridad del penal, don Andrés, un funcionario de mirada fría que recibía sobornos mensuales del yerno de Azahara, entró en la celda de Paula. Con una sonrisa cínica, le mostró un documento de traslado inmediato para Azahara a una prisión psiquiátrica de máxima seguridad. Además, arrojó sobre la litera un informe falso que acusaba a Paula de planear un motín.
—Si esa vieja sale de aquí con vida, tu condena se duplicará, preciosa. Elige bien de qué lado estás —amenazó el oficial.
”Elige bien de qué lado estás —amenazó el oficial.