Traición · Historia

La recepcionista humilló a mi hija moribunda sin saber quién era mi familia

La recepcionista humilló a mi hija moribunda sin saber quién era mi familia — Parte 2
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Anteriormente: Alejandro llevó a su hija enferma a urgencias, pero la fría recepcionista resultó ser su ex prometida, dispuesta a vengarse negándole la atención médica sin imaginar la verdad.

La cruel máscara de la venganza

Alejandro se acercó al mostrador, tragándose su orgullo y el dolor de los recuerdos pasados. Apoyó las manos sobre el cristal, implorando con la mirada a la mujer que alguna vez creyó conocer.

—Marta, por favor, te lo ruego. Es mi hija. Tiene todos los síntomas de una apendicitis aguda. Déjanos pasar, pagaré lo que haga falta en cuanto la atiendan —suplicó Alejandro, con la voz quebrada por el pánico.

Marta se limitó a sonreír con desdén, cruzándose de brazos de manera desafiante. Sabía que Alejandro se había dedicado a trabajos humildes para sacar adelante a su hija tras la muerte de su esposa, y disfrutaba cada instante de su aparente superioridad.

La recepcionista humilló a mi hija moribunda sin saber quién era mi familia
—Sin tarjeta sanitaria o un depósito previo de mil euros en efectivo, no hay registro, Alejandro. Son las normas del hospital. Si no te gusta, puedes llevarte a tu bastarda a un hospital público, aunque dudo que llegue a tiempo —sentenció ella con una frialdad inhumana.

En ese instante, Lucía se desplomó sobre el frío suelo de baldosas, perdiendo el conocimiento por el dolor. Desesperado, Alejandro comenzó a gritar pidiendo auxilio médico, golpeando el mostrador con rabia. Marta, fingiendo pánico, llamó de inmediato a seguridad para que expulsaran al "hombre violento". Dos guardias corpulentos redujeron a Alejandro, mientras él luchaba con todas sus fuerzas para no separarse de su hija inconsciente.

Fue entonces cuando un hombre maduro, de porte elegante y bata blanca, apareció apresuradamente en el vestíbulo. Era el doctor Hugo Ortiz, jefe de pediatría y actual esposo de Marta. Al ver el caos, exigió una explicación. Marta se apresuró a victimizarse, asegurando que Alejandro era un indigente agresivo que intentaba colarse. Sin embargo, cuando el doctor Ortiz miró el rostro de Alejandro, se quedó completamente paralizado. El color desapareció de sus mejillas y sus manos comenzaron a temblar de una manera que Marta jamás había visto.

El color desapareció de sus mejillas y sus manos comenzaron a temblar de una manera que Marta jamás había visto.