La reclusa que arriesgó su vida para salvar a una joven inocente tras las rejas
Anteriormente: Cuando Lidia entró en el peligroso patio de la prisión, no esperaba convertirse en el blanco de las mafias internas, pero una inesperada aliada decidió arriesgarlo todo por ella.
Secretos en la oscuridad
La intervención de Sara salvó la vida de Lidia, pero encendió una mecha que no tardaría en explotar. Esa misma noche, el pabellón quedó sumido en un silencio tenso. Sara sabía que Begoña no perdonaría la humillación pública. En la oscuridad de su celda, el crujido de una cerradura alertó a sus sentidos. Dos figuras sombrías entraron sigilosamente, armadas con punzones improvisados.
Antes de que Sara pudiera defenderse, fue inmovilizada contra la pared. Sin embargo, una sombra inesperada se interpuso. Lidia, armada con una barra de metal que había logrado ocultar, golpeó a una de las atacantes, dándole a Sara el espacio necesario para liberarse. La pelea fue rápida y silenciosa, pero lo más impactante ocurrió cuando las atacantes huyeron al escuchar la alarma de los guardias.

Jadeando en la penumbra, Lidia miró a Sara a los ojos. No había rastro de la chica frágil del patio; en su lugar, había una determinación inquebrantable.
Sé quién eres, Sara. No entré aquí por accidente. Estoy aquí para advertirte sobre tu hermano, Daniel. Él no huyó del país como te hicieron creer.
Sara sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Daniel había desaparecido hacía diez años, justo antes de que ella fuera incriminada y enviada a prisión. Lidia sacó una pequeña nota arrugada de su bolsillo y se la entregó a toda prisa mientras los pasos de los guardias retumbaban en el pasillo.
La nota contenía una dirección y un nombre: el del mismísimo alcaide de la prisión, el hombre que había firmado la condena de Sara y ocultado el expediente de Daniel. Todo había sido una trampa desde el principio para silenciar a su familia.
”Todo había sido una trampa desde el principio para silenciar a su familia.