La reclusa que defendió a la víctima equivocada descubrió una verdad devastadora
Anteriormente: Tania no dudó en arriesgar su propia libertad para defender a una interna indefensa en el patio de la prisión, sin imaginar la red de traiciones que estaba a punto de descubrir.
Secretos tras las rejas
Tania guio a Samanta hacia los lavabos del patio, lejos de las miradas curiosas y de los susurros que ya comenzaban a correr como la pólvora tras la humillación de Rebeca. Con delicadeza, abrió el grifo de agua fría y comenzó a limpiar las heridas de las manos de la joven rubia. Sin embargo, el silencio entre ambas se volvió tenso, casi asfixiante.
Cuando Samanta finalmente levantó la cabeza, sus ojos húmedos no reflejaban alivio, sino un pánico absoluto. Fijó su mirada en el rostro de Tania, retrocediendo un paso como si estuviera frente a un fantasma.

—Tú... tú eres Tania Rivas —susurró con la voz quebrada—. La mujer de las fotos.
Tania se congeló. En aquella prisión nadie conocía su apellido, solo su nombre de pila. Un frío repentino le recorrió la espina dorsal mientras apagaba el grifo.
—¿De qué me conoces, Samanta? ¿Quién eres realmente? —preguntó Tania, estrechando el cerco con sospecha.
Con dedos temblorosos, Samanta buscó bajo el cuello de su camiseta y extrajo un pequeño colgante de plata pulida con la forma de una llave antigua. Al verlo, Tania sintió un golpe en el pecho que casi le quita la respiración. Era una joya única, diseñada exclusivamente para ella por su ex prometido, Carlos. El mismo hombre que, tres años atrás, la había incriminado falsamente en un desfalco millonario para salvar su propio pellejo.
—Carlos me lo dio —confesó Samanta, rompiendo a llorar—. Me dijo que eras una criminal peligrosa. Pero cuando descubrí la verdad sobre ti, y sobre cómo la habías ayudado a construir su empresa desde cero, quise denunciarlo. Él se enteró... y usó sus influencias para incriminarme a mí también.
La revelación cayó como una losa sobre Tania. La mujer a la que acababa de salvar era la nueva víctima del monstruo que había destrozado su vida. Pero la confesión de Samanta se volvió aún más oscura.
—Rebeca no me atacó por casualidad hoy —añadió Samanta en un susurro desesperado—. El abogado de Carlos la ha comprado. Tienen miedo de lo que pueda declarar en el juicio de apelación la próxima semana. Quieren que tenga un "accidente" mortal aquí dentro... y ahora que me has defendido, tú también estás marcada.
”y ahora que me has defendido, tú también estás marcada.