Una reclusa defiende a la nueva presa sin saber que cambiaría su destino
Anteriormente: En el patio de la prisión, Melania no dudó en arriesgar su propia seguridad para salvar a Jimena de una brutal agresión, desatando una red de secretos que cambiaría sus vidas para siempre.
La emboscada en las sombras
La humillación pública de Cristina no iba a quedar impune. Esa misma noche, tras el recuento de celdas, el silencio de la prisión se volvió denso y peligroso. Melania se encontraba en su litera cuando la puerta de su celda se abrió sin hacer ruido. No eran los guardias del turno de noche habitual, sino el sargento Robles, un funcionario corrupto que vendía su lealtad al mejor postor.
Bajo la amenaza de una celda de aislamiento, Melania fue conducida a la fuerza hasta las duchas del sótano, una zona muerta sin cámaras de seguridad. Al entrar, el olor a humedad y moho la recibió junto a una escena desalentadora. Jimena estaba atada a una tubería metálica, con el rostro cubierto de lágrimas. En el centro de la sala, Cristina la esperaba con una navaja improvisada y una mirada llena de odio puro.

"Te advertí que no te metieras en mis asuntos, Melania. Aquí abajo no hay reglas, ni guardias que te salven", siseó Cristina, acercando el filo a su rostro.
Melania, a pesar de estar acorralada, mantuvo la postura, buscando desesperadamente una vía de escape. Fue entonces cuando Jimena, temblando de miedo pero con una determinación asombrosa, gritó algo que paralizó a todos en la sala.
"¡Déjala en paz, Cristina! ¡Sé perfectamente por qué la odias! Sé que tu hermano fue quien falsificó las pruebas para incriminar a Melania, y yo tengo la copia original que la exculpa!"
La revelación cayó como una bomba. Melania miró a Jimena en estado de shock. ¿Cómo podía esa joven desconocida saber la verdad sobre el complot que la había llevado a prisión? Cristina palideció de rabia, dándose cuenta de que su secreto más oscuro, el que protegía la fortuna de su familia fuera de los muros, acababa de ser expuesto. La tensión en la sala llegó a un punto de no retorno.
”La tensión en la sala llegó a un punto de no retorno.