Traición · Historia

La reclusa que desafió a su carcelera descubre una verdad que lo cambia todo

La reclusa que desafió a su carcelera descubre una verdad que lo cambia todo — Parte 2
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Anteriormente: Sara solo quería felicitar a su madre, pero la crueldad de una guardia desató una pelea que sacó a la luz una oscura conspiración familiar fuera de la prisión.

La conspiración tras los muros

El altercado con una funcionaria de prisiones era una sentencia automática de aislamiento en el ala de castigo, pero Sara sabía que las consecuencias de haber derribado a Begoña irían mucho más allá del reglamento penitenciario. Esposada y escoltada por dos oficiales visiblemente tensos, fue conducida a la oficina de control del módulo de aislamiento. Begoña la seguía de cerca, limpiándose la sangre de la comisura de los labios con el puño de su uniforme oscuro, con los ojos llenos de una sed de venganza insaciable.

Mientras esperaban al subdirector de seguridad, el teléfono de la oficina comenzó a sonar. Uno de los guardias se alejó para atender una emergencia en el patio, dejando a Begoña a solas con Sara por un breve instante. Fue entonces cuando el walkie-talkie personal de la guardia emitió un pitido estático. Una voz masculina, distorsionada pero inconfundible para Sara, resonó desde el dispositivo.

La reclusa que desafió a su carcelera descubre una verdad que lo cambia todo
—Begoña, ¿está hecho? ¿Se ha cortado toda comunicación con la madre? No podemos permitir que esa vieja firme los nuevos poderes notariales si sospecha algo.

El corazón de Sara dio un vuelco violento. Aquella voz pertenecía a Julián, su padrastro. Begoña apagó el walkie-talkie de inmediato, pero la revelación ya estaba en el aire. La crueldad de la guardia no era un simple abuso de poder aleatorio; Begoña estaba a sueldo de la familia que la había traicionado. El plan era mantener a Sara incomunicada y desacreditada el tiempo suficiente para que su madre, enferma y vulnerable, cediera el control total de la herencia familiar a Julián.

Sara miró fijamente a su carcelera, dándose cuenta de que su encarcelamiento era una sentencia de muerte encubierta. Si Julián lograba su objetivo, ella nunca saldría viva de esa prisión. Begoña se acercó a ella, inclinándose para susurrarle al oído con una sonrisa cínica que helaba la sangre.

—Nadie va a creerte, Sara. Aquí dentro, tu palabra no vale nada, y esta noche te asegurarás de aprender la lección en la celda de aislamiento.

Aquí dentro, tu palabra no vale nada, y esta noche te asegurarás de aprender la lección en la celda de aislamiento.