Traición · Historia

El regreso inesperado del oficial que salvó a su madre de un destino cruel

El regreso inesperado del oficial que salvó a su madre de un destino cruel — Parte 2
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Anteriormente: Alejandro regresó de su misión en alta mar esperando un cálido reencuentro familiar, pero al abrir la puerta de su casa descubrió la peor traición que jamás pudo imaginar.

La máscara de la traición

Al escuchar aquella voz autoritaria, Beatriz dio un respingo de terror. Se giró rápidamente y su rostro, antes enrojecido por la ira, se volvió completamente pálido al encontrarse con los ojos inyectados en sangre de su esposo. Alejandro no esperó explicaciones. Se abalanzó sobre ella, la sujetó del brazo con firmeza y la apartó de su madre con tal fuerza que Beatriz terminó impactando contra el tabique de pladur del pasillo, abriendo una grieta en la pared.

Sin perder un segundo, el oficial se arrodilló ante su madre, rodeándola con sus fuertes brazos para transmitirle la seguridad que tanto le habían arrebatado en su ausencia.

El regreso inesperado del oficial que salvó a su madre de un destino cruel
—Estoy aquí, mamá. Ya no tienes nada que temer —susurró Alejandro, conteniendo sus propias lágrimas al sentir lo delgada y frágil que estaba.
—Hijo mío... has vuelto —sollozó la anciana, aferrándose al uniforme de su hijo como si fuera su único salvavidas en medio de la tormenta.

Mientras consolaba a Carmen, Alejandro notó marcas violáceas en las muñecas de la anciana y un plato con sobras rancias sobre la mesa. La verdad lo golpeó con la fuerza de un mazo: Beatriz la había estado maltratando, privándola de comida y aislándola del mundo exterior mientras él arriesgaba su vida en el mar.

Beatriz, recuperándose del impacto y acomodándose el vestido rojo, intentó recuperar la compostura. Con una sonrisa cínica, cruzó los brazos y miró a Alejandro con frialdad desafiante.

—No me mires así, Alejandro. Esta casa ya no es tuya, ni de esa vieja decrépita. Firmaste un poder notarial antes de irte, ¿lo recuerdas? He puesto la propiedad a mi nombre y legalmente no puedes echarme. Si me tocas de nuevo, llamaré a la policía y te hundiré la carrera —amenazó con malicia.

Alejandro sintió que el suelo se abría bajo sus pies al darse cuenta del nivel de frialdad de la mujer que alguna vez amó, pero una chispa de determinación brilló en sus ojos.

Si me tocas de nuevo, llamaré a la policía y te hundiré la carrera —amenazó con malicia.Alejandro sintió que el suelo se abría bajo sus p…