Un niño reconoció el reloj de mi salvador y el destino nos unió de nuevo
Anteriormente: Cuando Mateo reconoció el nombre del padre del pequeño Álvaro, supo que la vida le estaba dando la oportunidad de devolver el mayor favor de su existencia.
La verdad oculta en el sótano
La emoción del reencuentro se transformó rápidamente en una profunda preocupación cuando Mateo comenzó a hacer preguntas. El pequeño, que se llamaba Álvaro, le explicó que su padre estaba en ese mismo edificio. Sin embargo, no se encontraba en ninguna de las lujosas oficinas de las plantas superiores. Santiago trabajaba en las profundidades del edificio, en los húmedos y ruidosos sótanos de mantenimiento, encargándose de las calderas y el sistema de ventilación.
Álvaro, con lágrimas en los ojos, le confesó a Mateo el drama que vivía su familia. Santiago estaba gravemente enfermo de los pulmones, una secuela de sus años como obrero en la construcción. A pesar del dolor y la dificultad para respirar, seguía trabajando jornadas interminables para poder pagar el costoso tratamiento médico y mantener a su hijo. Pero la situación era aún más desesperada: Javier, el implacable director de operaciones de la empresa de Mateo, había descubierto la condición médica de Santiago.

Considerando que un empleado enfermo era un riesgo financiero y una molestia para los balances de la corporación, Javier había bajado al sótano esa misma mañana con un objetivo claro: obligar a Santiago a firmar una renuncia voluntaria para despedirlo sin pagarle la indemnización correspondiente ni el seguro de salud.
La indignación encendió el pecho de Mateo. El hombre que le había tendido la mano cuando dormía en la calle, el único que creyó en él cuando no era nadie, estaba siendo humillado bajo su propio techo por uno de sus empleados de confianza. Sin perder un segundo, Mateo tomó a Álvaro de la mano y se dirigió a los ascensores de servicio.
Al llegar al sótano, el ambiente era asfixiante. Entre tuberías y el rugido de las calderas, Mateo vio la escena. Santiago, visiblemente demacrado y pálido, tosía con fuerza mientras sosteniendo una carpeta. Frente a él, Javier, impecablemente vestido, le gritaba con desprecio:
—Firma esto ahora mismo si no quieres que te eche por negligencia. No vas a sacarle un solo euro a esta empresa, viejo inútil.
Javier levantó la mano para arrebatarle violentamente la credencial de empleado del cuello. Fue entonces cuando Mateo intervino con un grito atronador que hizo eco en todo el sótano.
”Fue entonces cuando Mateo intervino con un grito atronador que hizo eco en todo el sótano.