Salvé a mi abuela de su propio hijo y él intentó destruirme para siempre
Anteriormente: Cuando Lucía descubrió que su tío Manuel estaba manipulando a su abuela para quedarse con la casa familiar, intentó salvarla. Pero Manuel estaba dispuesto a todo, incluso a usar la violencia física.
Atrapada en la red de la codicia
El impacto contra el suelo le robó el aliento a Lucía. Un dolor agudo se extendió por su costado izquierdo mientras intentaba desesperadamente recuperar el aire. Desde el césped, vio con horror cómo su tío Manuel levantaba a doña Carmen con brusquedad, ignorando las lágrimas y los temblores de la anciana. Manuel la arrastró de vuelta al interior de la casa y cerró la puerta principal de un portazo, asegurándola con el cerrojo.
Los gritos y el ruido del altercado no pasaron desapercibidos. Doña Teresa, una vecina de toda la vida, corrió hacia el jardín de la propiedad para ayudar a Lucía a incorporarse. Con la respiración entrecortada y el cuerpo magullado, Lucía le suplicó que llamara a la policía de inmediato. Sabía que cada segundo contaba; Manuel estaba acorralado y era capaz de cualquier cosa para conseguir la firma de su madre en el testamento modificado.

—Por favor, Teresa, llama a emergencias. Mi abuela está en grave peligro dentro de esa casa —rogó Lucía, limpiándose las lágrimas de impotencia.
Sin esperar a que llegaran las autoridades, Lucía se acercó a la fachada lateral de la vivienda. Recordaba perfectamente que la ventana de la cocina solía quedar entornada durante las tardes de verano. Con un esfuerzo sobrehumano que hizo resentir sus costillas heridas, logró deslizar la ventana y colarse sigilosamente en el interior de la casa. El silencio dentro de la vivienda era sepulcral, interrumpido únicamente por los susurros amenazantes que provenían del salón comedor.
Al asomarse por el pasillo, la escena que presenció le heló la sangre. Manuel mantenía a doña Carmen sujeta por la muñeca, forzándola a sostener un bolígrafo sobre un fajo de documentos legales. La anciana lloraba en silencio, negándose con la cabeza mientras su propio hijo la presionaba psicológicamente. Lucía sacó su teléfono móvil con manos temblorosas y comenzó a grabar la escena, obteniendo la prueba irrefutable del abuso.
Sin embargo, la suerte no estuvo de su lado. Una notificación inesperada sonó en su teléfono, rompiendo la tensión del ambiente. Manuel se detuvo en seco. Giró lentamente la cabeza hacia el pasillo y una sonrisa sádica se dibujó en su rostro al descubrir a su sobrina.
—Vaya, vaya... parece que la pequeña heroína ha vuelto por más —siseó Manuel, guardándose un objeto punzante en el bolsillo mientras avanzaba lentamente hacia ella.
”parece que la pequeña heroína ha vuelto por más —siseó Manuel, guardándose un objeto punzante en el bolsillo mientras avanzaba lentamente…