Secretos de familia · Historia

Salvé a un adolescente acorralado en la nieve y descubrí un terrible secreto familiar

Salvé a un adolescente acorralado en la nieve y descubrí un terrible secreto familiar — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Lucía resbaló en el hielo aquella tarde de invierno, no imaginaba que se convertiría en la única esperanza de Leví, un joven que huía desesperado de su propio tío.

El valor de una desconocida

El dolor en la rodilla de Lucía desapareció, reemplazado por una descarga de adrenalina pura. Al ver al joven Leví indefenso y aterrorizado, un instinto protector la impulsó a levantarse del suelo helado. Sin pensarlo dos veces, se interpuso físicamente entre el chico y los hombres que lo acosaban. Máximo se detuvo en seco, sorprendido por la audacia de la mujer, y la miró con una mezcla de desprecio y advertencia implícita en sus ojos oscuros.

—Apártate de en medio, muchacha —dijo Máximo con una voz que cortaba como el viento invernal—. Esto es un asunto de familia y no te concierne en absoluto. Déjanos hacer nuestro trabajo.

Salvé a un adolescente acorralado en la nieve y descubrí un terrible secreto familiar

—¡Es solo un niño! —exclamó Lucía, plantando cara con firmeza a pesar de que el corazón le latía con fuerza contra el pecho—. ¿Qué clase de hombres persiguen a un chaval de instituto en plena calle?

—Ese "chaval" nos ha robado algo de un valor incalculable —intervino uno de los secuaces de Máximo, dando un paso intimidante hacia delante. Pero Máximo lo detuvo con un leve gesto de la mano, sin apartar la vista de Lucía.

Desde detrás de la espalda de Lucía, Leví rompió a llorar, con la voz quebrada por la rabia y el frío acumulado en sus huesos:

—¡Mienten! ¡No he robado nada! Ese sobre contiene los documentos originales del testamento de mi padre. Ellos provocaron su accidente de coche para quedarse con las tierras familiares en Galicia y ahora quieren destruirme a mí también para que no hable.

La acusación cayó como una losa de hormigón en el callejón silencioso. La tensión aumentó de golpe. Lucía sintió cómo se le erizaba la piel al comprender la magnitud del peligro en el que se había metido. No se trataba de un simple altercado callejero, sino de una conspiración criminal familiar. Máximo, viendo que el secreto corría peligro de salir a la luz, cambió su expresión a una mueca sádica.

—Vaya, parece que el mocoso habla demasiado —susurró Máximo, metiendo la mano lentamente en el bolsillo interior de su chaqueta—. Ahora, señorita, me temo que ya no podemos dejar que te marches de aquí con esa información. Entrega el sobre, Leví, o las consecuencias serán definitivas para ambos.

Entrega el sobre, Leví, o las consecuencias serán definitivas para ambos.