Segundas oportunidades · Ficción breve

Se burlaron de ella en el campo de tiro sin saber quién era su padre

Se burlaron de ella en el campo de tiro sin saber quién era su padre — Parte 2
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Anteriormente: Lorena soportó las burlas de sus compañeros en la academia militar, pero cuando apretó el gatillo y un veterano general vio su puntería, un secreto del pasado salió a la luz.

El secreto bajo llave

La insignia que el general sostenía frente a Lorena no era un trofeo cualquiera. Era la condecoración al valor que su padre, el sargento Mateo, llevaba consigo el día que desapareció en extrañas circunstancias en una misión fronteriza de alto secreto. Lorena sintió un nudo en la garganta al reconocer el águila de bronce grabada en el metal.

—Esta insignia perteneció al mejor tirador que ha servido bajo mi mando —declaró Crawford, ignorando el murmullo de los reclutas—. Solo él conocía el truco de asegurar la culata con cinta para estabilizar el tiro a trescientos metros. Lorena, ¿quién te enseñó eso?
—Mi padre, señor —respondió ella, manteniendo la mirada firme a pesar de las lágrimas que amenazaban con brotar—. Me lo enseñó antes de que me dijeran que había muerto en combate.

El general guardó un tenso silencio y le ordenó que lo acompañara a su oficina privada. Gabriel y los demás soldados observaron la escena estupefactos, incapaces de comprender cómo la joven a la que acababan de humillar acababa de ganarse la atención personal de la máxima autoridad de la base. Una vez dentro del despacho, Crawford cerró la puerta con llave y sacó un grueso expediente guardado en una caja fuerte.

Se burlaron de ella en el campo de tiro sin saber quién era su padre

—Tu padre no murió en combate, Lorena —reveló el general con voz sombría—. Descubrió una red de tráfico de influencias dentro de esta misma base militar. Su desaparición fue orquestada desde dentro para silenciarlo, y los responsables siguen vistiendo el uniforme hoy en día.

Antes de que Lorena pudiera procesar la impactante revelación, la manija de la puerta se sacudió con fuerza. Era el coronel de la base, un hombre frío y calculador que siempre había controlado los traslados y ascensos del personal, exigiendo entrar de inmediato. Crawford miró a Lorena con urgencia y le entregó un pendrive oculto tras la insignia. «Escondelo», susurró, «ahí están las pruebas que tu padre recopiló antes de desaparecer».

«Escondelo», susurró, «ahí están las pruebas que tu padre recopiló antes de desaparecer».