Se burló de mi viejo rifle de madera sin saber el secreto que mi familia ocultaba
El regreso de una leyenda olvidada
El sol de la tarde caía con una intensidad implacable sobre el campo de tiro de la federación nacional. El ambiente estaba cargado de expectación, con las gradas llenas de espectadores ansiosos por presenciar la gran final. Bruno, el actual campeón indiscutible, caminaba por el recinto con una confianza que rozaba la arrogancia. Vestido con una impecable camiseta negra de compresión que resaltaba su físico atlético, miraba a los demás competidores con evidente desdén. Para él, la victoria ya estaba asegurada mucho antes de que comenzara la primera ronda de disparos.
A su lado caminaba Sara, una joven de veintisiete años que contrastaba radicalmente con la atmósfera tecnológica del lugar. Llevaba el cabello recogido en un moño alto y vestía una sencilla sudadera de color granate. En sus manos sostenía un estuche de cuero vintage, desgastado por el paso de los años y el uso constante. Bruno, incapaz de contener su desprecio, la miró de arriba abajo y soltó una carcajada burlona que atrajo la atención de los presentes.

Esto es un campeonato nacional, no un desguace.
Sara no respondió. Con una calma asombrosa, se acercó a la mesa de tiro asignada y depositó con suavidad el viejo estuche sobre el banco de madera. Su silencio pareció irritar aún más al campeón, quien continuó con sus provocaciones ante la mirada curiosa de los jueces.
Cuidado, esa cosa puede desmontarse antes de disparar. ¿Seguro que quieres competir con eso?
Al abrir el estuche, quedó al descubierto un rifle de madera tallado a mano, una pieza de artesanía clásica que parecía pertenecer a un museo y no a una competición de alto rendimiento. Sara ignoró las risas contenidas de los allegados de Bruno. Se colocó en posición de tiro, ajustó la mira y clavó su mirada en el objetivo lejano. Sus ojos reflejaban una determinación inquebrantable.
Solo necesito una bala.
El estruendo del disparo sacudió el campo. Un instante después, la pantalla de visualización confirmó el resultado: un impacto perfecto en el centro exacto del blanco. La mandíbula de Bruno cayó, y su rostro palideció de inmediato mientras tartamudeaba con incredulidad ante la hazaña.
”La mandíbula de Bruno cayó, y su rostro palideció de inmediato mientras tartamudeaba con incredulidad ante la hazaña.